Cuando no hay esperanza

Nosotros no vivimos nuestra vida para estar desesperanzados, desanimados o desesperados. Sin embargo, muchas veces nos sentimos así. En lo profundo de nuestra alma, sentimos que la vida nos está haciendo una mala jugada. Nuestro camino está lleno de oscuridad y desaliento. Nuestra fe se ve nublada muchas veces por la duda, y no podemos hacer nada para evitarlo.

Aun hombres poderosos de Dios pasaron por sus momentos de desaliento y desesperanza. Moisés, quien hablaba con Dios cara a cara, pasó por sus momentos difíciles. “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo: es una carga demasiado pesada para mí... te ruego que me des muerte” (Nm. 11:14-15). Elías, conocido como el profeta de fuego, se fue al desierto, y se sentó bajo un árbol de enebro. Le dice a Dios: “Basta ya, Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres» (1 R 19:4). David, el dulce cantor de Israel, también expresa: “¿Por qué te abates, alma mía? Y le dice a Dios: “¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? (Sal. 42).

¿Qué podría traernos tal desesperanza y desaliento? Bueno, una es la salud. Dios nos puso en un cuerpo físico formado del polvo de la tierra. Y la salud tiene mucho que ver en cómo la vida se pinta ante nosotros. Por eso, es necesario que cuidemos de nuestro cuerpo físico.

Otra causa son las heridas que otros producen en nosotros. La gente nos hiere. Mientras más los amamos, más nos pueden destruir. Cada vez que amas a alguien, te abres a las heridas más trágicas de la experiencia humana. ¡Eso es parte de la vida!

Lo otra causa es compararnos nosotros mismos con otros, mirar cómo otros son bendecidos y prosperan. Y entonces decimos toda clase de cosas en contra de nosotros mismos que nos desalientan. El salmista lo expresa en esta forma: “Sentí envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de esos malvados. Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable. Libres están de los afanes de todos; no les afectan los infortunios humanos” (Sal. 73:3-5). En otras palabras, ¿Cómo es eso de...

Lea Más

 

Deseamos que siga leyendo esta columna en la edición más reciente de Vida Cristiana digital. Si no se ha suscrito a la versión digital, le invitamos a que así lo haga, para que disfrute de los artículos más inspiradores y noticias más sobresalientes del mundo cristiano hispano. Suscríbase aquí.




anuncio
anuncio
Vuelva a la página de inicio