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Estudio refleja influencia de religión en comportamiento arriesgado de jóvenes

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Un nuevo estudio de la Marquette University, una institución católica jesuita en Milwaukee, Wisconsin, EE.UU., encontró que las actitudes religiosas hacia la sexualidad, la educación sexual en la cual los padres participan y un hogar estable que cuenta con ambos padres, tiene una influencia positiva en los jóvenes en cuanto a su práctica sexual y la llegada de su primer encuentro sexual.

Los investigadores tomaron como ejemplo 3,168 hombres y mujeres entre 15 a 21 años de edad de una encuesta nacional del año 2002 sobre el crecimiento familiar. Obtuvieron la data de entrevistas de 60 a 90 minutos de duración con los participantes de la encuesta.

Los hallazgos del estudio confirman una literatura investigativa previa que sugiere que la "religiosidad"-definida por los autores como creencias, doctrinas, rituales y estándares éticos institucionalizados sobre cómo vivir bien- es "un factor protector que aparenta contribuir en la disminución de los comportamientos sexuales peligrosos".

De acuerdo al estudio, aquellos que ven la religión como "bien importante" reportaron un promedio de 1.9 parejas sexuales durante su vida y como promedio comenzaron a tener intimidad sexual a los 17.4 años. Por su parte los que veían la religión como algo importante o "no importante para nada", comenzaron a tener sus primeros encuentros sexuales a los 16.9 años y en promedio han tenido 2.9 compañeros sexuales durante su vida.

Entre los que valoran la religión como "bien importante", el 20 por ciento permanecía virgen a la edad de 21; entre los que asisten a la iglesia frecuentemente, el 25 por ciento reportó que todavía eran vírgenes a la edad de 21 años.

Aquellos que tienen "una gran actitud religiosa sobre la sexualidad" reportaron tener el índice de virginidad más alto y el más alto índice de postergación del primer encuentro sexual a los 21. El 34 por ciento de estos jóvenes se mantenía virgen a los 21 años y en promedio la llegada de la actividad sexual comenzó a los 18.8 años.

En contraste, el estudio encontró que el ocho por ciento de aquellos con poca "actitud religiosa" hacia el sexo se mantenían virgen a los 21 y comenzaron su primer encuentro en promedio a los 17 años de edad, casi al mismo tiempo de los que no le dan importancia a la religión (16.9).

Sin embargo, los padres y los hogares que cuentan con ambos padres también tienen un enorme efecto en los chicos y las decisiones que toman con relación al sexo, según hallaron los investigadores.

"Aquellos adolescentes que viven en un hogar con ambos padres desde su nacimiento hasta la edad de 18 años, tuvieron 14 por ciento menos probabilidad de tener sexo, comparado con aquellos que no, y tuvieron significativamente menos compañeros sexuales durante su vida", informaron los investigadores.

A los jóvenes cuyos padres los criaron con la actitud de "sólo di no" al sexo prematrimonial, el 31 por ciento se mantuvo virgen hasta los 21 años de edad y la media de edad en la que comenzaron a tener intimidad sexual fue a los 17.4 años. Para los que no aprendieron "a decir no", contar con la influencia de sus padres ha sido beneficioso, el 29 por ciento se mantuvo virgen hasta los 21 años aunque el promedio de edad de este grupo que tuvo su primer encuentro sexual fue a los 17.1 años.

El que los padres participen de la educación sexual y les expresen sus expectativas con relación al comportamiento sexual ayudó más a reducir la tasa de comportamiento arriesgado y a postergar el primer encuentro sexual que la educación sexual formal. Los investigadores encontraron que el tema del cual los padres más le hablan a sus hijos es "como evitar tener sexo", pero el estudio encontró que "hablar con los padres sobre abstinencia estaba asociado a la disminución del comportamiento sexual arriesgado".

Los jóvenes que sólo tienen una educación formal estuvieron mucho más propensos a participar en comportamiento sexual que sus paritarios que contaron con la participación de sus padres en la educación sexual.

"Es importante que los padres sean explícitos en dejar saber que no aprueban que los adolescentes tengan sexo", concluyeron los investigadores. "Esta ‘simple' práctica de dejarle saber a los chicos sus expectativas sobre el comportamiento sexual ha mostrado ser eficaz. Además, la influencia de los padres en la educación sobre evitar las relaciones sexuales se fortaleció cuando hubo una relación cercana entre padres e hijos."

Los investigadores concluyeron que hace falta una nueva manera de abordar este asunto. Mas el estudio indica que la integración de la religiosidad y una cercana relación padres e hijos en la educación sexual puede ser una avenida más prometedora para resolver el problema.

Fuente: christianbreakingnews.com

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