La Biblia dice algo realmente importante acerca de la lengua y de las palabras de nuestra boca. La lengua tiene poder de vida y muerte (vea Proverbios 18:21). El apóstol Santiago dice que si alguien nunca falla en lo que dice, es "una persona perfecta", capaz también de controlar todo su cuerpo (vea Santiago 3:2). La lengua es un pequeño miembro del cuerpo, pero causa tremendos problemas. Las relaciones suelen terminar por causa de cosas que se han dicho o no se han dicho. La gente pierde trabajos, causa conflictos y malentendidos y pasa vergüenza, todo a causa de un pequeño órgano: la lengua.

Ningún hombre puede domar la lengua, para eso necesitamos de la ayuda de Dios. El rey

David oró a Dios que pusiera un centinela o un guardia en la puerta de su boca (vea Salmos 141:3). También oró que las palabras de su boca y la meditación de su corazón pudieran ser aceptables a los ojos de Dios (vea Salmos 19:14). David sabía que Él no podía controlar su boca sin la ayuda de Dios, y nosotros tampoco podemos.

Deberíamos evitar todas las palabras ásperas, duras e injustas (vea Isaías 58:9). Jesús dice que debemos tomar su yugo sobre nosotros y aprender de Él, que es amable, manso y humilde, no áspero, duro, cortante ni apremiante (vea Mateo 11:29, 30). Una lengua amable (con su poder sanador) es un árbol de vida, pero la lengua insidiosa deprime el espíritu (vea Proverbios 15:4). Hasta el tono de nuestra voz es importante, porque revela la condición de nuestro corazón.

Podemos decir palabras que sanen o palabras que hieran; podemos edificar y construir o desalentar y derribar. Las palabras son estuches de poder y acarrean poder sea positivo o negativo. ¡La decisión es nuestra! Las palabras son semillas que sembramos y con seguridad darán una cosecha en nuestra vida. Quienes consienten su lengua, deben comer el fruto de sus palabras, sea para vida o para muerte (Proverbios 18:21).

Una de las cosas que deberíamos esforzarnos por hacer es pensar antes de hablar. La Biblia dice que no debemos precipitarnos a hablar, pero ¿cuántas veces decimos algo y luego pensamos: "Oh, yo no quería decir eso"?. Pero ya es demasiado tarde, porque las palabras ya están haciendo su trabajo. Le recomiendo hacer un cuidadoso estudio de todos estos temas, y una oración sincera pidiendo a Dios que lo ayude a domar su lengua.

--Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
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