Una cita con Jesús

Conocí a Megan en un campamento de verano cuando ella tenía cinco años. Yo regresaba cada verano al mismo lugar de Canadá para ministrar a un pequeño grupo de niños de toda la región. Durante una de mis sesiones con otros niños, comencé a desafiarlos a que empezaran a “tener citas” con Dios. A manera de broma les sugerí que si pasaban el mismo tiempo “saliendo” con Dios que el que usaban para hablar con sus amigos acerca del chico o la chica que les gustaba, ellos tendrían un asombroso avance en su caminar con el Señor. Los desafié a apartar un tiempo a solas con Dios: a que lo convirtieran en un momento especial para conocerlo realmente. Yo no lo sabría sino hasta el año siguiente, pero Megan tomó muy seriamente el desafío. Esto fue lo que sucedió.

Megan, quien a los cinco años era demasiado joven para estar en mi clase, decidió asistir de todas formas con su hermano mayor. Ella se sentó junto a él durante la clase y se conmovió mucho con la idea de tener una cita con Dios. Decidió que cuando regresara a casa, lo intentaría. Después de pensar y planear un rato, les dijo a sus padres que iba a tener una cita especial con Jesús ese día. Sus padres apoyaron su cometido y le permitieron continuar con su plan.

Sus padres se dieron cuenta muy pronto de la seriedad del asunto, porque ella había limpiado su habitación sin que se lo pidieran, preparándose para su cita. (Padres, ¡ustedes saben que algo sobrenatural está sucediendo con su hijo si limpia su habitación sin que se lo pidan!). Ella tomó una ducha y se puso su mejor vestido. Le preguntó a su madre si podía utilizar comida de verdad y una vela para la cita. Su madre pensó que eso era un poco extremo, pero le permitió poner una vela sin encender en la mesa, y tendría que ingeniárselas utilizando comida falsa.

Desilusionada, pero segura de que a Jesús no le importaría, Megan comenzó a arreglar su pequeña mesa en la habitación. Decoró la mesa, poniendo atención a cada detalle, deseando que fuera perfecta para Jesús. Después de que todo estaba en su lugar, ella salió con la familia y les dijo que no la molestaran, porque tendría una cita muy especial con Jesús en su habitación. Subió a su habitación, se sentó en su pequeña mesa y, llena de fe, esperó a que Jesús llegara.

Un año después, junto a su mamá en el mismo campamento de verano, con los ojos muy abiertos, ella nos contó la historia: “Y fue cuando escuché que alguien llamó a mi puerta”. Ese día desencadenaría un plano completamente nuevo en la vida de Megan. Esta pequeña niña tímida de cinco años vio a Jesús entrar en su habitación.

Megan dijo que Jesús se sentó en la pequeña mesa en el lugar que ella había preparado para Él con amor. Él le sonrió, ella estaba muy emocionada y se acercó a Él. Cuando yo le pregunté: “¿Puedes explicarme qué quieres decir con que Jesús entró en tu habitación?”. Ella dijo: “Yo pude verlo claramente. Podía ver la habitación tal como es y a Él al mismo tiempo”. Parecía como si estuviera viendo a través de dos lentes a la vez. Ella continuó describiendo su dulce tiempo con Jesús. Dijo que hablaron y hablaron, y que a Él no le importó que la comida no fuera de verdad. Yo le pregunté: “Bueno, ¿y de qué hablaron?”. ¡Su respuesta fue perfecta! Ella dijo: “Ah, ya sabes, lo normal que la gente habla. Él habló de lo que sucede en el cielo. Yo le hablé de lo que me sucede a mí. Tomamos turnos para hablar de las cosas que nos gustan y de las que no nos gustan. ¡Fue muy divertido!”.

Ella recuerda estar al pendiente de la manera en que sostenía el tenedor (¡con el meñique hacia arriba, por supuesto!) y de que deseaba que todo fuera perfecto para Jesús. Continuó compartiéndonos acerca de ese encuentro especial que tuvo. Me dijo que después de la cena, Jesús la invitó al patio trasero, porque tenía una sorpresa especial para ella. La mirada de sus ojos habló más que las palabras cuando me relató el resto de la experiencia. Cuando llegó al patio trasero, ella dijo ver un hermoso gran carro que parecía como un carruaje y Jesús le abrió la puerta para que ella se subiera. Era un carruaje descubierto que tenía brillos y era tirado por dos hermosos caballos blancos. Jesús la ayudó a entrar y comenzaron un paseo asombroso. Ella describió la variedad de imágenes y colores que vio cuando de pronto fue tomada en su espíritu. Estaba volando sobre diferentes lugares viendo muchas cosas; fue difícil para ella comunicar en palabras exactamente lo que vio durante ese tiempo. Jesús estuvo junto a ella todo el tiempo explicándole todo lo que estaba viendo.

Él le habló acerca de estos diferentes lugares, de lo que Él sentía por ellos y de lo que Él estaba llevando a cabo ahí. Compartió muchas cosas especiales con ella. Ella recuerda que fue un momento divertido y juguetón con Él. Me dijo que se detuvieron en un punto, salieron y brincaron en el lodo, riéndose y jugando juntos. Aunque era lodo, ella dijo que se veía como un arroyo corriente. Finalmente regresaron al patio trasero y Jesús le dio un dulce beso en su mejilla, y le dijo que le había encantado pasar un tiempo con ella y que le encantaría tener otra cita con ella pronto.

La madre de Megan estaba junto a ella mientras su hija me contaba con emoción acerca de su cita con Jesús. El gozo y la gratitud de la mamá brillaban a través de su rostro. Cuando Megan terminó de relatarme su experiencia, su madre me llevó aparte porque deseaba contarme su lado de la historia. Ella estaba clara y profundamente conmovida mientras trataba de comunicar la conmoción que esto había provocado en su hija. Ella explicó que su hija siempre había sido tímida y callada con los extraños y que ese encuentro la había impactado drásticamente.

Me dijo que ella y su esposo estaban maravillados con el nivel de revelación que su hija mostraba al explicar algunas de las cosas que Jesús le dijo. Su hija de cinco años estaba utilizando palabras que nunca la habían escuchado usar antes y les estaba explicando complejos conceptos espirituales que sabían, a los que nunca había estado expuesta ni había escuchado. En la mente de Megan, ella simplemente estaba compartiéndoles partes de su conversación con Jesús, ¡pero esta niña de cinco años estaba marcada por su encuentro con Jesús!

La madre de Megan dijo que ese día impactó a su hija tan significativamente que se hizo menos tímida. Comenzó a compartir su fe con otros y a hablar en voz alta en su iglesia, compartiendo algunos de los tesoros que Dios le había hablado. Toda la familia fue motivada por el encuentro y los drásticos cambios que vieron en ella. Su madre me dijo: “Incluso su hermano pequeño ha viajado al cielo. ¡Toda nuestra familia está experimentando a Dios en maneras poderosas!”.

Me encanta esta historia. Me encanta por muchas razones. Una niña, una pequeña niña de ojos cafés, no tuvo miedo de mostrar su amor y su hambre por Dios. Ella “se acercó” de la mejor manera que sabía hacerlo, incluso aunque pareciera tonto. Su hambre y su sencillez no solamente la llevaron a tener un encuentro con lo divino, sino también abrieron la puerta a que toda la familia experimentara a Dios de una manera más profunda. Cuando tengamos un encuentro con Dios en una manera real y personal, en una manera que vaya más allá del conocimiento intelectual, seremos cambiados para siempre. Isaías 55:11 dice: “Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos”. Cuando escuchamos la “Palabra” de Dios (su corazón, sus pensamientos, etc.) y cuando experimentamos la esencia de quien Él es, eso nos cambia. Estamos siendo constantemente transformados a través de nuestras experiencias y encuentros con Dios.

Megan ahora tiene trece años y está más enamorada de Jesús que nunca. Tuve el honor de preguntarle cómo es su relación con Jesús ahora. Ella me explicó que cuando tuvo esa primera “cita” con Jesús a los cinco años, comenzó a “entender las cosas”. Experimentar a Dios de esa forma parecía no ser “extraordinario”; era una “diversión normal”, “como salir a jugar con alguien”.

Megan continuó “encontrándose con Dios” en maneras realmente especiales al pasar del tiempo. Ella narró veces en que comía el almuerzo con Él o se veía bailando con Él en un hermoso salón. Muchas veces en los últimos cuatro o cinco años, cuando ella se “sumerge” en oración, ve una copa semejante al vino. El líquido dentro de la copa se derrama y entre más toma, más feliz es.

Ella explicó que el líquido de la copa es gozo líquido y entre más lo toma, más feliz se siente uno. Cuando ella toma de esa copa es llena de un gozo sobrenatural que no puede explicar. Ella solamente estalla en risa, “no una risa normal, ¡sino fuerte y prolongada, que no puedo detener! El gozo es incontenible y cuando tomo de esa copa, me quedo de buen humor y alegre”. Ella dijo que algunas veces, después de tomar de esa copa, abraza a alguien y más tarde, sin razón aparente, la persona comienza a reír también. A ella le encanta el hecho de haber podido compartir este tipo de gozo y lo ve como un don, ya que su segundo nombre es Joy (gozo).

Tomado del libro Los niños y lo sobrenatural por Jennifer Toledo. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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