El poder del nombre de Jesús

 

Quiero compartirle una historia sobre el poder del nombre de Jesús (vea Hechos 2:21). Un día, una persona que conozco llegó manejando a una intersección; su hijito de tres o cuatro años iba en el coche con él. Él no se dio cuenta de que la puerta del auto del lado del pasajero no estaba debidamente asegurada, y dio un giro. Esto sucedió antes de que rigiera la ley de los cinturones de seguridad, y el niño no tenía uno. ¡La puerta del auto se abrió, y el niñito rodó del vehículo en medio del tránsito que venía desde cuatro direcciones! Lo último que mi amigo vio fue una serie de ruedas de automóvil rodando hacia su hijito. Ese auto se movía a una velocidad realmente alta. Todo lo que mi amigo supo hacer fue gritar: "¡JESÚS!".

Tan pronto como pudo detener su automóvil, saltó y corrió hacia su hijo, quien se hallaba perfectamente bien. Pero el hombre que manejaba el auto que casi atropelló al niño estaba absolutamente histérico. Mi amigo se le acercó y empezó a tratar de confortarlo.

"¡Hombre, no se preocupe!", le dijo. "Mi hijo está muy bien. No le pasó nada. No debe preocuparse por él. ¡Demos gracias a Dios que pudo detenerse a tiempo!"

"¡Usted no comprende!", respondió el hombre. "¡Yo nunca toqué los frenos!"

Había sido una situación crítica. Él no había tenido tiempo de hacer nada, ni pensar, ni planear ni razonar. Pero aunque no hubiera nada que el hombre pudiera hacer, el nombre de Jesús prevaleció. El poder de hacer milagros vino a escena, y la vida del niño fue salvada.

Creo que necesitamos confiar más en el nombre de Jesús y menos en nosotros mismos o en cualquier otro para resolver nuestros problemas.

¡Hay poder en el nombre de Jesús!

--Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso

 


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