El significado de "estar firme"

Usted está firme en su espíritu porque está lleno del Espíritu de Dios. Estar firme depende de algo más que la robustez de sus piernas, significa que usted está firme en su espíritu. Cuando usted está firme en su espíritu, puede permanecer erguido (con confianza) y resistir largamente (con perseverancia) porque está obteniendo esa fortaleza del centro mismo de su espíritu. Usted tiene una reserva completa de fortaleza espiritual que viene de Dios. No se confunda: tener fortaleza interior no es lo mismo que ser una persona ruda, alguien que ha sido endurecido por las experiencias de la vida. Para estar firme, usted no necesita (forzosamente) graduarse en la "Escuela de los Golpes Fuertes". No estará firme en el camino del que hablo sólo por tener ascendencia alemana, africana o indoamericana. No es porque haya crecido en la ciudad de Nueva York, ni porque su hermano mayor acostumbraba pegarle.

Usted está firme en su espíritu porque está lleno del Espíritu de Dios. Pero usted sólo está firme es su espíritu porque es, en y por usted mismo, débil. Pablo dijo: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Corintios 12:10). Usted tiene un poder personal tan limitado, que necesita pedir continuamente al Espíritu de Dios que lo llene. Y eso hace que usted esté cada vez más firme.

Estar firme en el Espíritu de Dios es la única manera de resistir verdaderamente. Todas las otras formas de resistencia son sólo sombras de la verdadera firmeza. Es un nivel de resistencia que le cree a Dios pase lo que pase. Es simplemente saber quién es Dios; saber que se puede confiar en que Él es quien dice ser; confiar en que Él hará lo que dijo que hará. Su carne, su persistencia o su compostura no valen demasiado en comparación con la forma de estar firme de Él.

Cuando usted está firme en el Espíritu de Dios, por ejemplo usted: camina por fe, no por vista; habla la Palabra de Dios y las situaciones cambian; impone manos sobre los enfermos y se recuperan; y es fuerte en la adversidad.

Usted no puede volverse fuerte en su espíritu de la noche a la mañana, y, además, esto no ocurre automáticamente. Es un proceso de crecimiento de toda la vida, y usted debe cooperar con él. Cuando los discípulos quisie­ron ver un ejemplo del Reino de Dios, Jesús les señaló a un niño. Para llegar a ser fuerte en su espíritu, usted debe volverse como un niño en su fe.

Algunas veces, la única manera de volverse fuerte en el espíritu es a través de pruebas. La iglesia primitiva sufrió muchas pruebas y tribulaciones. Pablo y Bernabé los alentaron "a perseverar en la fe. 'Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios', les decían" (Hechos 14:22, NVI).

Nos hacemos más fuertes si crecemos donde fuimos plantados. Ponemos nuestras raíces en Jesús, y simplemente crecemos. Vendrán tormentas. Vendrá la sequía. Vendrán el frío y el calor. Al principio, seremos como un árbol joven, pero seguiremos obteniendo el alimento del suelo y el aire. Creceremos en estatura, nuestra corteza se engrosará y nos saldrán más hojas. Por último, comenzaremos a dar fruto. "Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos" (Salmo 92:12-14, NIV).

Un espíritu diferente

Es obvio que alguien que resiste como Jesús lo hizo, tiene un tipo de espíritu diferente dentro de sí. Esa clase de persona no se deja llevar por la corriente. Esa clase de persona no cede al temor. Esa clase de persona no pone en peligro su fe, aunque todos los demás decidan hacerlo. La Biblia declara que Josué y Caleb tenían un "espíritu diferente" al del resto de los líderes (Números 14:24). Eran dos miembros del selecto grupo de los doce que fueron a espiar en la tierra prometida por Moisés y el pueblo de Israel. Cuando regresaron con su informe, ellos perdieron la votación. Fue una mayoría de diez contra una minoría de dos: Josué y Caleb.

Los otros diez espías dijeron: "Esto es imposible. Todo el ejército de las tribus de Israel no es lo bastante fuerte como para prevalecer frente a esos aterradores gigantes que vimos. La tierra que fluye leche y miel ya está ocupada por gigantes. Olvídenlo. Ahora estamos varados en el desierto".

Josué y Caleb les suplicaron que discreparan. Entonces, Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: "Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos" (Números 13:30).

Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: "La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces, toda la multitud habló de apedrearlos" (Números: 14:6-10).

Si esto le hubiera ocurrido a usted, ¿qué hubiera hecho? ¿Huir por su vida? ¿Se hubiera ido enfadado a alguna tienda desocupada? ¿Habría cedido e intentado sacar lo mejor de la situación? Josué y Caleb no hicieron eso.

Ellos sencillamente estuvieron firmes, a pesar de que los otros diez espías—y todo el pueblo de Israel—discrepaban de su consejo y se negaban a tomar la tierra. Esta negativa de parte del pueblo originó una crisis de gran magnitud. Dios los amenazó con terminar allí con su promesa y volver a empezar con gente nueva (vea Números 14:11-12). Pero Moisés persuadió al Señor de que detuviera su mano, pero a un costo muy alto. Ahora, ellos tendrían que soportar cuarenta largos años de caminata por el desierto y el paulatino desgaste de las masas mal dispuestas.

Josue y Caleb, para su eterno honor, no sumaron insultos a la injuria y la rebelión que se suscitaron contra el liderazgo de Moisés, aunque en privado quizá disin­tieran con él. Ellos se limitaron a mantenerse firmes en su evaluación original: "Sí, podemos conquistar esa tierra. Es nuestra. Dios ya nos la ha dado". Siguieron así, sin vacilar, durante cuarenta largos y polvorientos años en el desierto.

A la larga, después de perseverar, lo consiguieron. Ni siquiera Moisés logró poseer la tierra. Pero Josué y Caleb sí lo hicieron, y seguían tan firmes en cuerpo y espíritu como lo habían estado cuando realizaron su misión de espías cuarenta años atrás. Caleb dijo: "Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que el Señor hizo la promesa por medio de Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto; aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años: ¡el Señor me ha mantenido con vida! Y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces" (Josué 14:10–11, NVI).

¿Qué pasa con usted? ¿Le ha dado Dios a usted o su familia alguna palabra que aún no se haya concretado? ¿Ha resistido a la tentación para dedicarse a pelear? Cada cosa que Dios ha dicho que ocurrirá, ocu­rrirá. No se aflija. Pida a Dios que le dé un espíritu diferente, como hizo con Josué y Caleb. Él lo hará. Cuando el enemigo venga contra usted como un río torrencial, el Señor levantará bandera a su favor. Y si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? Usted puede estar firme.

Aférrese a Cristo

Podríamos decir: "Tal vez no sepa todo lo que estás atravesando, pero conozco a Jesús. Sé como es Él. Puedes aferrarte de mí y yo me aferraré de Jesús por ti. Y tú puedes aferrar algún otro a ti. Ellos a su vez pueden agarrar a más personas, y Jesús nos guiaría a todos para que salgamos de este lío. A través de su sangre y su cruz, llegaremos seguros a casa. Sólo aférrate a mí. Así como yo sigo a Cristo, tú sígueme a mí. Yo estoy aferrada a Él, y no lo soltaré. Seré como Caleb y Josué”.

Al comienzo de su vida cristiana, Pablo solía referirse al "evangelio de Dios" y al "evangelio de Cristo". Pero por la época en que escribió su primera carta a la iglesia de Tesalónica, él estaba tan cerca de Jesús que se refirió a las Buenas Nuevas como "nuestro evangelio". El evangelio de Cristo es también nuestro evangelio. Con usted y conmigo, ocurre lo mismo que ocurrió con Pablo: cuanto más nos aferremos a Cristo, más firmes estaremos en su poder y sus propósitos.

Con la armadura

Jesús, quien lo salvó, se asegura de que usted pueda estar firme en cualquier situación. Cuando usted declara por primera vez que Jesús es su Señor, se une al ejército del Reino de Dios, sea conciente de ello o no. Ahora Él es quien lo arma y lo entrena para la batalla, y es quien lo protege.

Quiero que vea lo que significa estar bien armado para resistir al enemigo en el campo de batalla de la fe. Colóquese la fuerte armadura de Dios, pieza por pieza. Cuando usted se pone toda la armadura de Dios, está completamente equipado y listo para cualquier cosa. Primero, usted ciñe su cintura (también se dice "ceñir los lomos") con el sólido "cinturón de la verdad", que es la Palabra, la verdad de Dios tal y como se encuentra escrita en la Biblia. El cinturón de la verdad es de vital importancia, porque la Palabra de Dios mantiene unido todo. Sin ese cinturón, todo se caer.

Cuando usted se pone toda la armadura de Dios, también está vistiendo la "coraza de justicia", que protege su corazón [su espíritu] y otros órganos vitales. El rey Salomón, que era un sabio y poderoso guerrero, dijo: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón" (Proverbios 4:23). Usted debe tener puesta esa parte de la armadura en todo momento, aun mientras duerme.

Cuando usted se pone toda la armadura de Dios, se coloca "el calzado de la paz", el cual, hablando de estar firme, es uno de los elementos más importantes de la armadura de guerra. El calzado de la paz de Dios nos mantiene inamovibles cuando el diablo trata de derribarnos. Nos permite seguir adelante a pesar de las molestias que, de otra manera, nos detendrían. Cuando el diablo caiga frente a usted, ¡unos cuantos pisotones fuertes pueden acabarlo por completo!

Cuando se pone toda la armadura de Dios, usted se agarra fuerte al escudo de la fe. Otra cosa: cuando usted se pone toda la arma­dura de Dios, se coloca la salvación como yelmo. Su salvación es un intrincado, elaborado, ornamentado y precioso don de Dios. Y si usted lo "mantiene puesto", evita que el enemigo "le corte la cabeza" llenvándosela con sus mentiras.

Cuando usted está firme con toda la arma­dura de Dios, toma la espada con la otra mano, la espada del Espíritu, que es la rhema o la palabra hablada de Dios. La palabra rhema es la palabra que brota, o aquella palabra a la que solemos referirnos como la palabra "actual", directamente de Dios para usted, para este momento de la batalla. Una espada se utiliza en el combate directo. Y así es como se usa la palabra "actual" de Dios como arma. Es como si el Espíritu Santo, que ve al enemigo respirando amenazas de muerte en su rostro, pusiera inmediatamente en su mano una daga espiritual que usted pueda insertar justo en el corazón del enemigo.

El reino de la oscuridad no tiene nada similar en su arsenal. Su enemigo puede intentar convencerlo de que no la utilice, pero usted no tiene que escucharlo. Él le dirá: "Estás demasiado enfermo... estás muy deprimido... eres muy débil...", pero usted seguirá diciendo, una y otra vez en voz alta: "¡El gozo del Señor es mi fortaleza! Sal de mi camino, diablo. Sal de este campo de batalla. El Señor ha hablado. ¡Estoy avanzando, y no me detendré”.

Totalmente armado, totalmente protegido, totalmente lleno de Dios. Usted tiene todo lo que necesita para cualquier batalla a la que pueda llegar a enfrentarse.3


Judy Jacobs es una conocida ministra, cantante y conferencista, y la fundadora de His Songs Ministries. Este artículo se obtuvo de su libro Estad firmes, publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

 

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