Sin ti...No voy!

Lo que necesita es pedirle al Espíritu Santo que lo inunde de su presencia.
Estuve pensando acerca de la cantidad de ­substitutos que tenemos en la vida. Tenemos substitutos de azúcar, leche, carne, vitaminas y muchos más. Precisamente en el libro de Éxodo, Dios también quiso enviar a un subs­tituto. El pueblo de Israel había salido de Egipto e iban rumbo a la tierra prometida. Como muchos ya conocemos, este pueblo era un poco complicado y en una oportunidad, Moisés subió al monte para hablar con Dios y allí recibió lo que hoy conocemos como los Diez Mandamientos. Cuando él regresó, se dio cuenta que el pueblo de Israel se había ido a la deriva y estaban adorando dioses falsos. Entonces, Dios se encendió de ira de una manera tan fuerte que cuando Moisés fue de nuevo a consultar con Dios, el Señor le dijo: "¿Sabes qué Moisés? Este pueblo es de dura cerviz, es un pueblo muy rebelde. Si quieren váyanse ustedes a la tierra prometida, pero yo no voy a acompañarlos. Si quieres mejor te mando un ángel y que él los acompañe. Pero si sigo entre ustedes, y esta gente continúa comportándose de la misma manera, es probable que yo los consuma de la tierra".

La Biblia dice que cuando ellos se enteraron de esta noticia, se dieron cuenta de que habían cometido un gran error y entraron en luto. El pueblo reconoció que había cometido un error garrafal. Por lo tanto, Moisés dijo: "Tenemos que llegar a algún tipo de solución y corregir este error". Entonces, sacó el tabernáculo (el lugar donde habitaba la presencia de Dios) fuera del campamento y se quedó un enorme vacío en el pueblo.

Todos los días Moisés caminaba al tabernáculo para tener conversaciones francas con el Señor e interceder por el pueblo. La Biblia incluso declara que Moisés hablaba cara a cara con Dios. Finalmente Moisés logró decirle a Dios, "por favor, no nos dejes aquí”, y lo convenció de que en lugar de enviar al ángel, Dios mismo fuera con ellos. Así que Dios le dijo a Moisés, "iré con ustedes y les traeré descanso y paz".

Me impactan las palabras de Moisés en Éxodo 33:15 donde dice, "si tu pre­sencia no ha de ir con nosotros, entonces no nos muevas de aquí”. Moisés entendía perfectamente que sin la presencia de Dios acompañándonos a todos lados, estamos muertos. Si la pre­sencia de Dios no va delante de nosotros preparándonos el camino, nunca llegaremos a salvo al destino que Dios tiene para nosotros.

Existen tantas personas que quieren moverse en sus propias fuerzas, en su propia inteligencia, que nunca podrán llegar a su tierra prometida si no permiten que vaya delante de ellos el Espíritu Santo. No hay forma de poder criar bien a nuestros hijos, de tener matrimonios exitosos, de ser un buen maestro, empleado o hijo, sin tener la presencia de Dios en nosotros. ¡Nos urge su presencia!

Hay gente que piensa que la religión los va a salvar. Usted puede llevar la religión al pie de la letra, pero si no tiene el Espíritu Santo viviendo dentro de usted, la religión no puede salvarlo.

¡Usted no necesita substitutos! Lo que necesita es pedirle al Espíritu Santo que se levante dentro de usted y lo inunde de su presencia. Que usted le diga "¡no puedo vivir sin tu presencia dentro de mí! ¡Te necesito!".

Necesitamos clamar por un avivamiento del Espíritu Santo, que nuestras vidas, nuestros hogares, nuestras naciones, toda América Latina sea llena del fuego y la presencia del Espíritu Santo, que nos levantemos bendecidos, llenos de unción, llenos de la Palabra de Dios, llenos del Espíritu Santo, y que vayamos a las naciones de la tierra y llenemos de luz cada rincón.

Así como Moisés intercedió por el pueblo de Israel para que la presencia de Dios no se apartara de ellos, asimismo pelee usted por su familia, hogar, negocio, pueblo, país, iglesia y vida, en el nombre de Jesús.

 

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