Portadores de su gloria

El nos ha dado su gloria con el único propósito de que seamos uno.

La frase "sean uno"se cita en unas seis ocasiones durante la oración de Jesús en el Evangelio de Juan, capítulo 17, antes de ser entregado para morir. Es una oración que resume el propósito de su misión en la tierra. No hay nada más motivante que uno saber cuál es su misión y poder cumplirla a cabalidad (v. 4-5).

El apóstol Pablo tenía bien clara su misión, y cuando ya estaba finalizándola, le escribe a su "amado hijo" Timoteo: "Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día" (2 Tim 4:6-8a RV95).

Jesús no sólo oró por aquellos con quienes había tenido el contacto cercano, íntimo, sino por "los que han de creer en mí por la palabra de ellos [sus discípulos]" (v. 20). Ahí estamos tú y yo. Jesús tenía bien clara su misión; Él sabía el efecto multiplicador y alcance que tendría su mensaje. Y luego añade: "Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno" (v. 22). Él nos ha dado su gloria con el único propósito de que seamos uno. Sin embargo, para "ser uno" tenemos que ser portadores de su gloria, y para ser portadores de su gloria vemos tres pasos en esta oración de Jesús, en una forma progresiva:

1) Tenemos que creer en Jesús como el hijo de Dios y Enviado, el Salvador que quita el pecado del mundo (ver v. 3). Él ha restaurado nuestra relación con Dios. Es a través de Él que podemos ser aceptos ante Dios, porque su sangre nos ha limpiado. ¿Cuál es el propósito? "Que ellos sean uno en nosotros [Padre e Hijo], para que el mundo crea que que tú me enviaste." Una vez creemos en Jesús como el Enviado de Dios al mundo para salvación, entonces venimos a ser parte de ese cuerpo de creyentes. Por lo tanto, somos uno ante Él.

2)Tenemos que conocer como fuimos conocidos. En la Biblia, el término "conocer" se relaciona con la intimidad entre el hombre y la mujer (ver Gn 4:1, 17; Jue 11:39). "Yo en ellos y tú en mí, para que ellos sean perfectos en unidad (énfasis añadido)." Ahora no es sólo que sean uno, sino una unidad perfecta, una comunión íntima entre Jesús y nosotros, más el Padre en Jesús. ¡El Padre y el Hijo morando juntos en nosotros por medio de su Espíritu! ¿Cuál es su propósito? Ya no es sólo que crean, sino para que "el mundo conozca que tú me enviaste" (v. 23), y añade, "y que los has amado a ellos como también a mí me has amado". Una vez creemos y conocemos, formamos esa unidad perfecta, ese vínculo de amor perfecto; nosotros en Él y Él en nosotros (Padre e Hijo).

3) Podemos estar donde Cristo está (v. 24). Ya que hemos creído y conocido, ahora Jesús quiere que estemos donde Él está para que veamos la gloria que le ha sido dada, y hacernos partícipes de ella. El apóstol Pablo nos da la idea más clara en Efesios 2:4-7 cuando dice que Dios "nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús". Esta gloria ya nos fue dada; no es para cuando partamos de este mundo, sino para disfrutarla hoy, a la vez que la compartimos con otros. ¿Cómo la revelamos? Siendo uno en Cristo Jesús, como Pablo también lo amplía en Efesios 2:11-22. Así mostramos al mundo que somos uno, "Cristo en nosotros, la esperanza de gloria" (Col 1:27).

Por lo tanto, Dios nos ha constituido en portadores de su gloria. No es algo insignificante. ¡Somos portadores de su gloria! Con el propósito de que el mundo crea y conozca la verdadera vida eterna: al único Dios verdadero y a Jesucristo, el Enviado. Entonces, nos hace copartícipes de esa gloria junto con Él, para que seamos uno en Cristo Jesús. "Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno."


Lydia C. Morales es la editora de Vida Cristiana y directora del Grupo Hispano Internacional que incluye, además, la editorial Casa Creación. Está felizmente casada y es la orgullosa madre de dos hijas jóvenes, quienes son su principal ministerio.

 

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