
Nuestras vidas se pueden comparar con un terreno sembrado de minas adormecidas dispersas que limitan su utilización para la siembra. Algunas de estas minas son más antiguas y están enterradas más profundamente. La mayoría fueron sembradas durante nuestros primeros años de vida como resultado de experiencias desagradables vividas o por falta de cierto tipo de vivencias positivas no recibidas, o debido a tendencias genéticas heredadas o conductas aprendidas. Estas minas activas enterradas hacen que nos sintamos tensos, irritables, enojados, deprimidos, inseguros, a veces, inalcanzables e inaguantables.