Boletin Ministrial

Sueña los sueños de Dios

istock_5066942_250x167867bDios te dice: "¡Sueña, mis sueños grandes para ti!".

"¡Qué lindo que es soñar! Soñar no cuesta nada... Soñar y nada más!", dice la canción de una publicidad en Argentina. Me pregunto qué habrá sido de esa vida de soñador que llevó José. Sus sueños lo sacaron del desierto, de la esclavitud, de la cárcel, de una vida aparentemente fracasada por el desamor de sus hermanos, pero de poder de Dios por cumplir un sueño justamente del Creador de la vida. Y lo llevó al extremo más alto del mundo de aquellos días: Egipto. Para el joven José no se trató de soñar y nada más, sino de soñar, confiar y aventurarse en medio de la incertidumbre.

José soñaba lo que el Señor le quería mostrar. Él podía ver en imágenes lo que más tarde en su vida le aconteció. Tal vez, al comienzo, no tenía tanta claridad de ello. Pero a medida que su vida se sintonizó con la del Padre Celestial, fue entendiendo más y más su propósito de vida.

Yo creo que José era un hombre común, con un padre terrenal amoroso y que lo amaba tanto que hasta lo habría mimado demasiado. Era su protegido. El hijo de la mujer que había amado desde el mismísimo momento de verla en la casa de Labán, quien fuera su suegro años más tarde.

Hoy, terminando el año 2009, ya con clima navideño las personas han perdido la capacidad de soñar. La crisis económica que como nación nos ha golpeado y que, sin duda, ha repercutido en todo el mundo, nos brinda un panorama de caras de tristeza, de dolor, de desesperanza. Millones de personas abrumadas, corriendo de un lugar a otro sin la capacidad de soñar... sin permitirle a Dios que cambie sus lamentos en baile.

Quisiera reflexionar en el potencial que tenemos como hombres y mujeres, creación divina, de extendernos más allá de nuestros límites aparentes y recuperar la habilidad de hacer grandes y mayores cosas de las que Jesús hizo en esta tierra. Para el mundo, un nuevo año es un "borrón y cuenta nueva", un empezar de nuevo y olvidar lo que pasó. Para nosotros, debe ser un desafío diario de olvidar lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante. Seguir avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús (Fil. 3:13b-14 versión libre de la NVI).

Perdemos el norte, casi sin darnos cuenta...

"Es tan fácil acabar quebrado y perder de vista quién te levantó. El Maestro se inclinó, tomó agua y comenzó a lavar los pies de este dolor..." dice una canción de Fabián Liendo (lírica de "Brillará por siempre" - Kyosko). Muchas veces he tenido que arrodillarme y pedirle perdón al Señor por no esforzarme por alcanzar lo que está por delante. A veces, confiamos que la promesa de Dios, como es promesa, se cumplirá sin nuestro esfuerzo. Sin nuestras ganas de avanzar, sin nuestro compromiso de cambiar de actitud frente a las diversas circunstancias de la vida. Nos olvidamos que aunque la cuenta del banco esté en rojo la cuenta celestial sobreabunda en bendiciones y ganancias que nos dan una vida en abundancia espiritual y de sustento material.

Es su corazón que brillará por siempre
brillo en las manos de Dios,
brillo en las manos de Dios.
Hijo, como te encuentras
ahora comienza a lavar
los pies con mi amor.

José triunfó y nosotros también

La historia de José es muy rica en experiencias que nosotros mismos podemos sufrir día a día. El destierro, el ser extranjero, en buscar el bien común y ayudar a nuestras familias en sus lugares de origen. En lucha y dolor, en incomprensión. Pero él tuvo en mente servir a Dios. En olvidarse de lo que quedó atrás y esforzarse hacia un futuro que no tenía claro, pero que daba por seguro que con su Señor sería mucho mejor. No flaqueó. Se mantuvo firme, santo, separado para cumplir el propósito de Dios para su vida, para su familia, para su pueblo y para la nación que lo albergó; primero como extranjero y esclavo, luego como administrador en medio de la crisis mundial.

¡Ten ánimo! Planifica con Dios y con lo poco que tienes. Esfuérzate hacia el llamamiento de tu Señor. Recuerda que el Maestro se inclinó, lavó tus pies del dolor y te santificó para que tu corazón y el mío brillen por siempre. Con mi familia nos esforzaremos en ser mejores discípulos de Jesús, nos esforzaremos y nos levantaremos cada vez que la desazón asome. El Maestro se inclinó hacia nosotros y lavó nuestros pies del dolor cuando le conocimos, y cada día, cuando buscamos su rostro y su guía celestial. No te desalientes, Él siempre está con los brazos extendidos deseoso de darnos paz.

 

Dr. Esteban Fernández es pastor y vicepresidente del Concilio Global Casa Sobre la Roca I.C.I. También es fundador presidente del ministerio de Capacitación "Nuestra Fortaleza". Puede escribirle a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. .

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