
Hace unos días, después de disfrutar de un tiempo de calidad con Jesús, me sorprendió una alarmante visión. Vi una montaña enorme y majestuosa cubierta de nieve reluciente. Me recordó a la montaña Matterhorn de los Alpes suizos. Sus picos eran de color blanco centelleante, y me sorprendió la atención de Dios hacia los detalles. ¡Era tan real que quería ir a esquiar! Pero sentía que había más que el Espíritu Santo me iba a revelar. Al cerrar mis ojos, toda la ladera de la montaña centelleaba con luces. Estaba en un paisaje invernal atascado de miles de vacacionistas. La cabaña de esquí, los apartamentos, los hoteles y las cabañas estaban repletos en este popular complejo vacacional. Los visitantes ricos, la clase media no endeudada y los lugareños que limpiaban los pisos eran todos parte de este pintoresco desfile.
Cuando Jesús y sus discípulos cruzaban el mar de Galilea, se levantó una gran tempestad al punto que los discípulos algunos de ellos eran pescadores profesionales se aterrorizaron, pensaban que sin duda morirían.
Los asustados discípulos despertaron a Jesús y gritaban en medio de los vientos huracanados y las olas que golpeaban el bote: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (Marcos 4:38–39). Él habló . . . ¡y fue hecho!
Jesús se paró frente a la tumba de Lázaro cuatro días después de su muerte y sencillamente dijo: “¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió” (Juan 11:43–44). Él habló . . . ¡y fue hecho!
¿Por qué existe una epidemia de fracaso moral en la iglesia? Porque la santidad se ha convertido en un concepto extraño.
Por tercera vez en seis meses ha vuelto a suceder: El pastor de una iglesia grande de Orlando, Florida, la ciudad donde vivo, ha renunciado al púlpito a causa del adulterio. Esto me entristece; me enferma. Lo siento por los pastores, pero más por sus congregaciones que tienen que sufrir los resultados de sus malas decisiones.
Cuando comencé mi carrera de orador, creía que motivar a las personas era la clave para ayudarles a tener éxito. Si consigo que avancen en la dirección correcta, pensaba, tendrán éxito. Hacía todo lo que podía para dar a las personas razones por las que trabajar duro. Intentaba hacerles reír, intentaba tocar su corazón.
¡El liderazgo es guiar! Identificar, desarrollar, capacitar y preparar a sus reemplazos como líder es una de las más importantes aportaciones al mundo.
Imagínese que su jefa lo ascendiera y llegara a su oficina el día en que comenzó a trabajar en su nuevo puesto y dijera: “¡Felicidades! Ahora usted es un líder de servicio que está en su lugar de liderazgo, persiguiendo la visión y llevando a cabo el plan. Parece que usted realmente conoce su propósito y tiene un don extraordinario en este campo de liderazgo. Sin embargo, no se acomode. Es tiempo de comenzar a preparar a sus sucesores”.
Se cree que Salomón escribió los primeros veintinueve capítulos de Proverbios y Eclesiastés, libros identificados por los eruditos como literatura de sabiduría bíblica. Proverbios consta de treinta y un capítulos, los dos últimos añadidos por una persona desconocida (tal vez hombres del rey Ezequías).
Biblia para la guerra espiritual - HD