Satanás trabaja con diligencia para causar problemas prácticamente en cada área de nuestra vida. No ataca todas las áreas al mismo tiempo, pero a la larga llega a atacar todo. Nos trae inconvenientes de todas clases. Los problemas nunca vienen cuando estamos preparados para lidiar con ellos.

Daniel 7.25 dice que Satanás busca oprimir a los santos del Dios Altísimo. ¿Cómo tiene lugar esta “opresión”? A menudo, la obra de Satanás es apenas perceptible, porque trata de oprimirnos gradualmente, un poco por allí y otro poco por allá. Satanás sabe que se requiere más de un ataque para agotarnos, por lo que viene sin cesar una y otra vez. Una forma en la que Satanás busca agotarnos es robándonos tiempo, forzándonos a lidiar con el problema que él provocó. Le gustaría que nos pasáramos la vida apagando los pequeños incendios que el inicia.

¿Cuál es la respuesta? Santiago 4:7 dice que debemos someternos a Dios, resistir al diablo, y él huirá. Vemos que tenemos que resistir al diablo. Pero, ¿cuándo debemos resistirlo? ¿Cuánto debemos esperar? ¿Cuánto debemos soportar antes de enfrentarlo? Si bien la Biblia nos enseña que debemos ser pacientes los unos con los otros, no debemos ser pacientes con el enemigo. Primera de Pedro 5:9 comparte un principio maravilloso y muy importante: “Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe”. Debemos resistir al diablo desde el primer momento.

Cuando Satanás ataca, de inmediato, debemos comenzar a alabar a Dios; de esta manera, lo resistimos. Cuando dice mentiras, nosotros debemos hablar la verdad. En el mismo momento en que percibimos un ataque, debemos acercarnos a Dios y orar. La Biblia nos dice que debemos estar alertas con respecto al momento en que podamos practicar la oración. Varias veces, la Palabra de Dios nos manda “velar y orar”. Esto significa estar atentos a las cosas que están mal en nuestra vida o en las de los demás y orar inmediatamente. Como me gusta decir a mí: “¡No se demore, de inmediato ore!”.

Otra forma de resistir a Satanás es aplicar por fe la sangre de Jesús a la situación. Así como los israelitas fueron librados al colocar la sangre del cordero en los dinteles y los marcos de las puertas de sus hogares durante la Pascua, (vea Éxodo 12:1-13), también nosotros podemos aplicar la sangre de nuestro Cordero Pascual, Jesús, por fe y poder ser protegidos.

Recuérdele a Satanás la cruz en la que Jesús lo venció por completo; recuérdele que ya es un enemigo derrotado, y que no podrá engañarlo ni timarlo de ninguna forma. Deje que Satanás sepa que usted se da cuenta de que es él quien viene contra usted y que no culpará a la gente, a Dios o la vida, por lo que él le está haciendo.

Satanás nos quiere débiles y agotados; de esa forma, no tenemos poder para resistirlo. Sabe que si tiene un punto de apoyo, puede hacer una fortaleza. Como dije antes, ¡resista al diablo desde el comienzo! Sea agresivo; no espere a ver qué sucede. Si espera, no le gustará nada. Despiértese a sí mismo en el Espíritu Santo, avive las llamas de su fuego interior, y no permita que se apague durante las dificultades. Recuerde que Jesús, el Victorioso, vive en usted: ¡usted tiene la victoria!

—Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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