screamlLo más gracioso acerca de mi trabajo de consejería es que las parejas nunca vienen a verme porque las cosas están muy bien en su relación. Vienen a mí porque se encuentran en medio de una pelea. Y como mi esposa Nancy y yo tuvimos que aprender, no todas las peleas son iguales.

Donna y Charles habían estado casados por 15 años cuando vinieron a consejería debido a que «peleaban todo el tiempo». Ellos tampoco bromeaban. En la primera hora que fui parte de sus vidas, discutieron en cinco ocasiones. No pudieron ponerse de acuerdo sobre las historias de sus desacuerdos. Les pedí que pensaran en un tiempo de su matrimonio en el que no peleaban. Ambos reconocieron que habían disfrutado de una temporada así, solo que no pudieron ponerse de acuerdo sobre cuándo esta tuvo lugar.

Al terminar la sesión, llegué a la conclusión de que realmente habían peleado la mayor parte de los quince años de su matrimonio. Eso es un largo tiempo para que los problemas no resueltos se acumulen. Discutían por las mismas cosas una y otra vez. Nadie se casa esperando pelear todo el tiempo. Tampoco Donna y Charles. Así que, ¿cómo llegaron a tal desastre?

Idealmente, una pareja supera todas las etapas para hacer crecer su matrimonio. Identifican sus locuras, buscan a Dios de forma individual y juntos, y aprenden a conectarse. Esto establece un fundamento que es saludable y permite el crecimiento. Sin embargo, Donna y Charles nunca habían edificado ese fundamento.

La madre de Donna era una de esas personas que piensan en blanco y negro. Las cosas eran correctas o incorrectas, y no había un terreno intermedio. En su mente, ella decía la verdad porque esa era la verdad. Si la verdad dolía, estaba bien, porque según el panorama general había que decirla. La relación de Donna con su mamá era buena. Ella entendió a su madre y nunca puso en duda el amor que su mamá sentía por ella o los motivos que yacían detrás de cualquier cosa que dijera. Las heridas pequeñas se vieron eclipsadas por el panorama general.

Charles era sensible. Su mamá y su papá decían que siempre había sido así. Ellos aceptaron a Charles como era y fueron cuidadosos en su trato mientras crecía en su hogar. Así que cuando Charles se enamoró en la universidad, la caída fue dura. Charles quería casarse con la chica, pero ella estaba lejos de sentirse lista para ese tipo de compromiso. Sin embargo, disfrutaba del dinero que Charles gastaba en ella.

Pronto se descubrió que podía controlarlo y conseguir que Charles hiciera cualquier cosa que ella quisiera. Para él resultaba más fácil cumplir los deseos de la chica que enfrentarla. Además, si no lo hacía, ella podría volverse un poco cruel, y eso dolía. Y él no iba ser herido. La relación duró un poco más de un año hasta que finalmente Charles resultó lastimado... y todo terminó.

Donna parecía diferente cuando Charles la conoció. Él sentía que podía bajar la guardia junto a ella. Y a pesar de que le decía algunas cosas que lo lastimaban, lo hacía debido a su amor por él... o al menos eso dijo. Ellos salieron un tiempo juntos y se casaron. Mientras el amor de Donna por Charles crecía, así también lo hizo su honestidad desenfrenada. Después de todo, la honestidad de su madre fue siempre una señal clara de que amaba a Donna. Sin embargo, Charles no lo vio de esa manera. A medida que Donna se volvía cada vez más honesta con Charles, el dolor se hizo más difícil de soportar. Por último, Charles se puso firme y comenzó defenderse.

Hay ocasiones en un matrimonio cuando uno de los dos necesita decir ciertas cosas que el otro puede no querer oír. No obstante, primero es necesario construir un fundamento tan sólido de amor y confianza que resulte fácil para cada uno decir la verdad sobre la vida del otro.

En nuestro matrimonio, valoro las opiniones de Nancy. Sé que ella me ama profundamente y siempre tiene mi mejor interés en el corazón. Debido a esto, prefiero escuchar de ella algo que necesito saber antes que de cualquier otra persona. ¿Siempre ha sido así? Probablemente no, pero con el tiempo hemos construido una relación con este nivel de confianza y franqueza. Para la mayoría de las parejas, esta es una parte difícil de un matrimonio saludable. Ninguno de nosotros acepta la crítica. No obstante, si Dios quiere que yo escuche algo que hará que mi vida y la vida de los que me rodean sea mejor, quiero escucharlo de alguien en quien confío y cuyo amor por mí prevalece sobre cualquier temor a decir lo que necesita decirse. En mi vida, ese alguien es Nancy.

¿Qué hay de usted y su cónyuge? ¿Está dispuesto a decir con amor las cosas difíciles que a veces necesitan ser dichas? ¿Ha construido o está construyendo un fundamento que permite este tipo de franqueza y honestidad? Si usted no dice estas cosas, ¿quién lo hará?

Perdone las peleas pasadas

Charles no solo era sensible, sino también tenía una memoria mejor que la del elefante más inteligente. Esto es cierto con respecto a toda su vida y ciertamente también a los quince años de su matrimonio. Esa fue una de las muchas razones por las que nunca resolvieron los problemas; Charles nunca se olvidaba de nada. En medio de todo argumento, él podía sacar a relucir algo que Donna dijo o hizo en el pasado para reforzar su caso en el presente. Su arsenal estaba lleno de municiones. Guardaba hasta la cosa más pequeña que Donna hacía mal para que cuando llegara el momento de pelear, su arsenal estuviera lleno de municiones.

El problema con esta estrategia es que mantiene a los integrantes del matrimonio atascados en el pasado e incapaces de crecer y progresar juntos hacia el futuro. Desenterrar el pasado y lanzarlo en medio del conflicto presente no resuelve nada. En realidad, por lo general solo empeora las cosas.

El modelo sano no implica quedarse atrapado en el pasado, sino moverse hacia adelante: identificar el problema, solucionarlo y avanzar... dejando el problema resuelto atrás.

¿Con qué frecuencia usted o su cónyuge arrastran el pasado hasta el presente? ¿Puede usted dejar en el pasado un problema una vez que se resuelve? ¿Qué problemas no resueltos enfrentan ahora que sabe que saldrán a la superficie de nuevo en el futuro? ¿Qué haría falta para que puedan resolver esos problemas ahora? ¿Cuál es el primer paso?

Elija sus palabras con sabiduría

Charles se vio afectado por la honestidad de Donna, de modo que asumió una posición defensiva. Mientras que las palabras honestas y veraces que Donna le dijo a Charles fueron expresadas con amor, las de Charles no lo fueron. A medida que pasaba el tiempo, las palabras y los motivos poco amables solo abrieron una brecha entre ellos cada vez más profunda. Después de todo, ¿cómo se puede confiar en alguien que activamente almacena culpa contra usted?

Piense en su actitud hacia su cónyuge. ¿Es crítico? ¿Es rápido para juzgar? ¿Guarda resentimientos para usarlos en sus discusiones en un tiempo futuro? Si lo hace, ¿cuál es la respuesta de su cónyuge? ¿Está eso ayudándolo a construir el matrimonio que desea?

Hay montones de versos en la Biblia que nos advierten de los peligros de la lengua, de las palabras que hablamos. Santiago 3:8 dice: «Nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal». Esto es una advertencia sin ningún tipo de restricciones que resulta válida tanto para los tiempos de antaño como para la actualidad. Así que pídale a Dios que lo ayude a hablar palabras llenas de amor y vida en sus relaciones, en especial a su cónyuge.

 Elegir sus batallas es una estrategia muy buena, y esto sería más o menos así. Cuando algo acerca de su cónyuge le molesta, usted tiene una elección que hacer. Si vale la pena lidiar con el asunto, puede actuar para resolverlo justo en ese preciso momento. Sin embargo, hay una diferencia entre hablar con su cónyuge y pelear con su cónyuge acerca de eso. Esa es la primera opción.

Si se trata de una cosa pequeña, puede optar por olvidarse de ella. Usted acaba de decidir no pelear una batalla. ¡Felicitaciones! En lugar de ocuparse del asunto por sí mismo, puede decidir entregárselo a Dios. Tal vez algunos están pensando: «¿Qué significa entregarle algo a Dios?». He aquí mi opinión sobre eso. Creo firmemente en un Dios que se preocupa por mí y mi vida. Él quiere que mi matrimonio sea muy bueno, y su plan para mi matrimonio supera a mi plan en gran manera.

Dios, entonces, es el filtro a través del cual refino nuestro conflicto. Si algo que Nancy hace me molesta, puedo decir: «Está bien, Dios, ¿qué hago con esto? ¿Cómo respondo? ¿Le respondo ahora? ¿Lo dejo pasar? ¿Permito que tú te encargues del asunto, sabiendo que cualquier cosa que hagas será buena para mí y mi matrimonio?». Este no es un paso fácil para mí, sobre todo si estoy molesto o enojado (y en ese punto, por lo general lo estoy). Me gustaría mucho tomar más bien el asunto en mis propias manos y luego dejar que Dios arregle el desorden que hice. Puedo ser bueno en este proceso. Sin embargo, no importa cuán bien pueda sentirme a corto plazo, no me siento bien con el tiempo y nunca logro lo que quiero para mi matrimonio.

Si usted nunca ha intentado poner algo en manos de Dios, hágalo ahora. Escoja un problema con el que está luchando y simplemente diga: «Dios, te estoy entregando esto. Necesito tu ayuda y necesito tu respuesta. Gracias».

Ahora viene la parte difícil. Deje el asunto con Dios. Lo sé. ¿Y si Él no lo escuchó? Sí lo hizo. ¿Y si Él no actúa tan rápido como usted quiere que lo haga? Su tiempo es perfecto. ¿Y si...? Deténgase. Deje el asunto en manos de Dios. Le prometo que Él no le fallará.

―Tomado del libro 7 secretos para un matrimonio increíble por Kim Kimberling. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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