sinpadreEn mi caminar con el Señor he descubierto que uno de los mayores obstáculos para mantener un estilo de vida puro, es mi propia mente. Si dejo de pensar en cosas que me acercan a Dios y persisto en tener una mentalidad negativa, fácilmente puedo sentir una lejanía en mi comunión con el Espíritu Santo. Hay un pasaje en Romanos 12:2 que he aprendido a atesorar en mi corazón y dice: «Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto» (RVC). Cuando mi proceso de pensamiento se aleja de la voluntad de Dios, también lo hago yo. Como dice en Proverbios 23:7, versión Reina Valera Revisada de 1960: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Curiosamente, la versión Reina Valera Actualizada de 2015 dice: «Porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él».

Una de mis expertas favoritas en este tema es la Dra. Caroline Leaf, una neurocientífica quien ha dedicado su vida al estudio e investigación del cerebro humano, y cuyos hallazgos brindan evidencia de cómo la ciencia valida la Palabra de Dios. En su libro Switch on Your Brain [Prende tu cerebro] da explicaciones detalladas del proceso de pensamiento y sus efectos en nuestro cuerpo, alma y espíritu. Se ha hallado evidencia de que los pensamientos literalmente forman materia física en el cuerpo. También explica cómo el tener pensamientos positivos dirigidos, ayuda a construir un cuerpo mejor y más saludable, mientras que tener pensamientos negativos recurrentes causan un declive en nuestra salud.

La Dra. Leaf dice que nuestra mente es la que controla nuestro cuerpo, y no vice versa. En sus palabras: «La materia no nos controla; nosotros controlamos la materia mediante lo que pensamos y escogemos. No podemos controlar los eventos y las circunstancias de la vida, pero sí podemos controlar nuestras reacciones». Ella también establece que cuando se trata de sanar patrones de pensamiento para vivir un estilo de vida saludable, nosotros juntamente con Dios, somos creadores de nuestro destino y «Dios guía, pero nosotros debemos escoger permitir que Dios dirija». Al hacer esto, adoptar buenos patrones de pensamiento y enfocarnos en cosas buenas, verdaderas, honestas u honorables, justas, puras, amables, de buen nombre, virtuosas, y dignas de alabanza» (Filipenses 4:8), en esencia nos convertimos en nuestros propios «microcirujanos» cambiando los circuitos de nuestro cerebro a través del pensamiento. Aquí hay una cita maravillosa la cual ciertamente cambió mi manera de pensar al respecto:

«Nuestras elecciones, las consecuencias naturales de nuestros pensamientos e imaginación, se meten “bajo la piel” de nuestro ADN y pueden prender o apagar ciertos genes cambiando la estructura de las neuronas en nuestro cerebro. Así que nuestros pensamientos, imaginación, y elecciones pueden cambiar la estructura de nuestros cerebros en todos los niveles: moleculares, genéticos, epigéneticos, celulares, estructurales, neuroquímicos, electromagnéticos, y hasta subatómicos. A través de nuestros pensamientos, nosotros podemos ser nuestros propios neurocirujanos y tomar decisiones que cambian los circuitos de nuestros cerebros. Estamos diseñados para hacer nuestra propia cirugía cerebral». 

Ella más allá expone que esta creación de material genético que se forma con nuestros pensamientos es pasada a través de nuestro ADN, ¡impactando las próximas cuatro generaciones! De esta manera afectamos a nuestro linaje, y a su vez también somos directamente afectados por los procesos de pensamiento repetitivo, y la acciones que estos causaron, que adoptaron nuestros antepasados, ¡desde nuestros tatarabuelos! Esto es un hecho ciertamente muy sorprendente y revelador.

Al saber esto, podemos ver que hay un mayor nivel de responsabilidad sobre cada uno de nosotros, de acercarnos más a Dios mediante la renovación de nuestra mente, y enfocarnos en Dios, su Palabra y su voluntad para nuestra vida, no sólo por nosotros mismos, sino por aquellos que vendrán más adelante en nuestro linaje.

Tal vez te estarás preguntando, ¿cómo entonces puedo arreglar mis pensamientos? Bueno, la respuesta es simple. Se logra al enfocar nuestros pensamientos en Jesucristo, orar, reflexionar, y sostenernos de la Palabra de Dios. Cada vez que sentimos que un pensamiento contrario o malo llega a nuestra mente, debemos entonces llevar «cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5) y orar, pidiendo a Dios que llene nuestra mente con su presencia. Adicional a eso, la mejor manera de tener una abundancia de pensamientos buenos y puros es leer y estudiar la Biblia regularmente.

Créeme, puedo decirte por experiencia que cuando mi mente lucha para mantenerse en el camino correcto, el Espíritu Santo siempre trae a mi memoria una Palabra de la Biblia en el momento justo y perfecto para ayudarme a enfocarme en lo correcto. Al atrapar nuestros pensamientos y someterlos a Jesucristo, podemos traer paz a nuestros espíritus y así poder sintonizarnos con la voz de Dios.

Por último, mantente lejos de las cosas que alimenten los malos pensamientos, y por ende malos comportamientos. Si estás pasando por un proceso de restauración, mantente alejado de gente, relaciones, objetos, hábitos, y lugares que te hagan propenso a caer de nuevo. Por ejemplo, alguien que se encuentre en el proceso de ser restaurado de una adicción a la pornografía no debe frecuentar sitios de internet o canales de televisión que presenten ese tipo de contenido; de hecho, lo mejor sería bloquearlos del todo. Si por ejemplo, alguien está en proceso de restauración de la adicción a las drogas o al alcoholismo, no debe frecuentar lugares ni personas que lo habiliten para hacerlo; más bien, debe enfocarse en tomar tiempo buscando a Dios, orando, y leyendo su Palabra para fortalecerse contra la tentación.

No hay mejor lugar para estar que la presencia de Dios. Cuando nos acercamos a Dios, Él se acerca a nosotros (Santiago 4:8). La clave para la restauración y la sanidad interior es mantenerse cerca de Dios, reconociendo que somos débiles y Él es fuerte. Sólo Él nos puede hacer de nuevo si se lo permitimos.

—Tomado del libro Corazón pródigo de Christine D’Clario. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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