walkingPablo no duda en decir que ha terminado la carrera con la satisfacción del deber cumplido. ¿Cómo nos gustaría terminar la carrera de la vida? Es importante que lo decidamos lo más pronto posible, porque esto determina nuestro destino y la forma en que encaramos la vida.

¿Cómo nos aconseja Pablo correr la carrera? Con gozo, con alegría y con realización. Tenemos todo eso cuando hemos hecho lo correcto, cuando hemos dado nuestro mejor esfuerzo, cuando nos hemos sacrificado por lo que amamos. Por eso luchemos por nuestra familia y paguemos el precio para que al final del camino podamos decir que lo vivimos con una conciencia tranquila. Toda elección tiene el precio de  dejar de lado otros caminos; de ahí que el  elegido debe ser bien pensado. 

 «Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24).

Para correr la carrera se requiere entrenamiento, disciplina, perseverancia, aprender a seguir instrucciones y dejarse moldear por el Maestro. Es imposible edificar una familia por instinto, necesitamos el consejo sabio de la Biblia y la enseñanza oportuna de otros para aprender el arte de convivir, ceder, escuchar y aceptar a los demás tal cual son. Además, es una carrera de resistencia, no de velocidad. Requiere carácter, paciencia, tolerancia y dependencia del entrenador para saber cuándo acelerar y cuándo aminorar el paso. Cada familia tiene su propio paso y cada etapa de la familia requiere un ritmo diferente. No es igual un matrimonio sin hijos a uno con hijos pequeños. Cada familia tiene un ritmo propio.

También, la carrera de la vida es una carrera sin atajos y sin caminos cortos. Edificar una familia es una carrera de largo plazo. Démonos la oportunidad de celebrar haber edificado una familia al final del camino, y no cualquier familia: una saludable, una nuestra.

Cualquiera inicia una carrera, pero terminarla es solo para personas valientes. Los que eligen por imitación no llegan, los que la eligen emocionalmente no llegan, los que eligen sin pensarlo bien no llegan. Debo estar seguro de que  la carrera que he elegido es la que quiero terminar, pero no solo eso: tengo que agarrarme de la mano de Dios para hacerlo.

Correr en Dios nos hace desear hacer su voluntad y esto nos protege de hacer lo malo. Nos hace personas diferentes y radicales. Asimismo, cuando la carrera de la vida se vive en la dependencia de Dios, genera expectación: ¿cómo Dios lo hará?, ¿cómo serán mis hijos al crecer?, ¿cómo cambiará a mi cónyuge? Es esto lo que nos hace depender de Dios. Desarrolla la fe, nos inspira a continuar, desarrolla dones y habilidades y nos hace interdependientes. Pero al final, se celebra.

Termine su carrera con los que ama: su familia, y celebre igual que Pablo.

Aún recuerdo a mi papá, a sus 85 años, cuando un día que estaba con mis hijos, se le salieron unas lágrimas. Pensé que le ocurría algo y le pregunté qué le pasaba. Pero simplemente me respondió: «No me pasa nada, hijo. Solo lloro de emoción porque los tengo a ustedes. ¿Cómo no llorar si están conmigo?». En ese momento comprendí el secreto de la vida: consiste en llorar por amor, pero no cualquier lágrima: es la de la realización, la de la plenitud, la de la felicidad. Pero a la vez, me hice una pregunta existencial importante: «¿Es hasta los 85 años que se llora por amor? Y el resto de la vida, ¿solo son ocupaciones y correr? No me puede ocurrir, quiero llorar por amor toda la vida. Llorar de emoción al ver a mis hijos crecer, no quiero perderme nada de lo que vivan, digan o experimenten. Deseo estar ahí para verlos, disfrutarlos, formarlos y acompañarlos. Quiero llorar por amor toda la vida, porque al final es lo que nos produce la satisfacción del deber cumplido». Vamos, ¡terminemos la carrera con gozo!

La forma en que nos levantemos a luchar por nuestra familia va a inspirar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, porque las buenas batallas apasionan y arrancan de nosotros lo mejor, provocando lo mismo en los que nos observan. Pelear la buena batalla nos convierte en una persona con una alta credibilidad y una persona digna de ser imitada. Así lo expresó Pablo a Timoteo: «Con fe y amor en Cristo Jesús, sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste» (2 Timoteo 1:13). Pablo podía decir esto porque él estaba siguiendo la enseñanza que había recibido. También le expresa con seguridad que el fruto que hoy vive Timoteo es el resultado de lo que sembraron en él su abuela Loida y, luego, su madre Eunice: «Al recordarte de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia como lo hicieron mis antepasados. Y al acordarme de tus lágrimas, anhelo verte para llenarme de alegría. Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido» (2 Timoteo 1:3-5).

Viendo esta referencia, le sugiero adoptar una máxima en su vida: que todo lo que decida y haga tenga en mente impactar tres generaciones: la suya, la de sus hijos y la de los hijos de sus hijos. Porque Dios muchas veces nos habla en este lenguaje generacional. Nacimos para impactar generaciones. « (…) derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos» (Isaías 44:3).

Las personas que pelean la buena batalla, la de la vida, la de la familia, tienen propósito, rumbo, dirección y sentido de trascendencia.

Es caminar con sentido y con el propósito de impactar generaciones lo que nos genera expectativa y dependencia de Dios. Dios ha salido en pacto con nuestra generación si guardamos su Palabra como lo hizo Abraham, el padre de la fe. 

Mi sueño más grande es que cada persona pueda descubrir que la familia es para ser amada, apreciada y valorada. Sé que ninguna familia es perfecta, pero es mi oración que usted goce de una familia saludable y alegre en la que reine la paz, la armonía y la libertad.

―Tomado de De regreso a casa por Sixto Porras. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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