rings brokenEl egoísmo es el excesivo aprecio que tiene una persona por sí misma, y que le hace atender desmedidamente su propio interés, sin preocuparse mucho del de los demás. Está relacionado con la ambición, la codicia, el individualismo, el egocentrismo y el irrespeto.

Es una de las más bajas manifestaciones de la naturaleza humana. Está ligado a nuestro corazón desde niños y se alimenta de raíces de amargura, del individualismo, del materialismo, de la ambición, de la ansiedad y, sobre todo, de la debilidad espiritual.

Es una enfermedad emocional degenerativa, que siempre tiende a sacar ventaja para sí. El egoísta piensa mucho en sí mismo y en obtener las personas y las cosas que él quiere. Ve las cosas como “buenas” o “malas”, de acuerdo a la forma en que le afectan y tiende a creer que él es quien tiene la razón casi siempre.

Todos tenemos, en alguna medida, un grado de egoísmo. Pero entre mayor sea nuestro egoísmo, mayores serán nuestros problemas. Lo más difícil es que esta actitud es, por lo general, inconsciente en el que la tiene. Sin embargo, es evidente para el que la ve y sobre todo para el que la sufre como víctima.

Cuando nos enfocamos mucho en lo que yo quiero, digo, o necesito, o cuando hablamos mucho en función de mis cosas: mi auto, mi casa, mi trabajo, mi deporte, manifestamos una actitud egoísta. Inclusive cuando le pedimos a Dios, le pedimos primero para nosotros.

El egoísmo es un destructor de matrimonios porque nos hace insensibles o poco sensibles a las necesidades y deseos de nuestro cónyuge, para poner énfasis en nuestros deseos, nuestras necesidades y nuestros gustos.

Veamos algunos ejemplos:

En la comunicación:

  • No escuchamos al cónyuge.
  • No le ponemos suficiente atención.
  • Nos ponemos a ver televisión, leer el periódico, o a hacer cualquier otra cosa cuando nos está hablando.
  • No respetamos su punto de vista, más bien lo criticamos.
  • Cuando queremos imponer nuestro criterio, lo hacemos con gritos y fuerza, sin argumentos reales y convincentes.

En los intereses:

  • No entendemos las necesidades y deseos de nuestro cónyuge.
  • Luchamos por destacar nuestras necesidades y nuestro “derecho” a satisfacer nuestros deseos.
  • Ignoramos a su familia y la juzgamos o criticamos, pero nos molestamos mucho si no toma en cuenta a nuestra familia.
  • Tomamos decisiones sin consultarle, demostrando poco respeto a la opinión de nuestro cónyuge.
  • Imponemos nuestra voluntad y hasta manipulamos para obtener nuestro deseo.

En las finanzas:

  • Ignoramos los deseos, obligaciones y necesidades del cónyuge.
  • Nos oponemos a que ayude a su familia.
  • Nos volvemos avaros y desconfiamos de lo que gasta.
  • Nos consideramos los dueños de la casa y de todo lo que en ella hay porque “yo” fui quien compró las cosas.

Todas estas manifestaciones de egoísmo frecuentemente generan resentimientos, heridas, separación emocional, y hasta odio y violencia. Por eso es muy importante reconocer esta actitud negativa y trabajar para controlarla.

Lo primero es reconocer que hemos actuado egoístamente en muchas ocasiones, lastimando a nuestra pareja.

Segundo, debemos asumir una actitud de humildad, tolerancia y paciencia, y tomar la decisión de esforzarnos por poner atención y tratar de comprender el punto de vista de nuestro cónyuge, dedicando más tiempo a pensar en sus necesidades, deseos y gustos.

La regla de oro de las relaciones humanas es: “Haz con los demás como te gustaría que hicieran contigo”. Esta regla es proactiva y nos habla de tratar primero a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros en cualquier situación. Muchas veces juzgamos y acusamos, sin darnos cuenta que nosotros también hacemos lo mismo.

Si nos equivocamos, nos enojamos o nos sentimos frustrados por alguna situación, nos gustaría que nuestro cónyuge fuera comprensivo. Igualmente, debemos ser comprensivos si nuestro cónyuge se equivoca o tiene alguna actitud negativa.

A menudo decimos algo como: “Yo no haría esa tontería”. Pero de seguro sí hacemos otras tonterías. Es frecuente que lo que a uno de los cónyuges le parece una tontería, al otro le parece algo importante. Debemos ser tolerantes con nuestros cónyuges, aun en lo que parecen tonterías, para que ellos también sean tolerantes con nosotros.

La Biblia enseña: “…Todo lo que el hombre sembrare eso también segará” (Gálatas 6:7). Si sembramos en nuestra pareja cariño, atención, respeto, amor, buena voluntad, consideración y apoyo, eso mismo vamos a recibir y, por lo general, más de lo que dimos. Las parejas que descubren este secreto y son pacientes en esperar los resultados, llegan a disfrutar su relación de una manera maravillosa. El mejor antídoto contra el egoísmo es el amor.

―Tomado de Principios de vida en pareja por Luis y Hannia Fernández. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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