goingupLa única forma de crear una cultura permanente de abrir espacios al nuevo liderazgo en nuestras organizaciones es cediendo autoridad y decidiendo perder poder. Hace muchísimos años, en el libro En busca de la excelencia, de Thomas J. Peters y Robert H. Waterman, Jr., leí una frase que decía: “Uno puede convertirse en  un ‘líder tapón’ o en un ‘líder escalera’”.

Lo natural es que las personas siempre crezcan. Nunca trates de encerrar a tu gente en una botella y pongas la tapa en ella porque el que irá para afuera serás tú. La gente va a seguir creciendo y te va a expulsar, no lo dudes.

Pero si eres una escalera, tú vas a ir subiendo escalón por escalón, y subirás y, al subir, la gente va a crecer. Estarás creando espacios para que crezcan los que vienen detrás de ti. 

Y una persona que sabe honrar y respetar la autoridad…crecerá. Y como es un ciclo en movimiento, no importa en qué escalón estás en la escalera o quién se encuentra más alto que tú. El que suba te dará la mano y te ayudará a subir. Y ese siempre será reconocido como el mentor que supo dar la mano.

Otra cosa que también aprendí: conviene relevar y dar descanso a un líder que manifiesta cansancio o desánimo. Hay que darle descanso a quien lo pide, pero nunca hay que aprovechar esos momentos de cansancio del líder para hacer cambios en la estructura.

Si le damos descanso, tenemos que ser correctos y dejarle descansar con la seguridad de que, cuando vuelva, encontrará su posición. No quiere decir que no sigamos avanzando, ya dijimos que lo natural es crecer, pero el que descansa debe hacerlo sabiendo que retomará su caminar en el lugar donde quedó cuando inició el descanso. Qué triste es no tener a dónde regresar después de haber tomado ese anhelado y urgente descanso. Y esto tiene otra cara también: algunos llevan a la gente a un cansancio tal que, cuando están fatigados, ya no les son más útiles a sus propósitos y los desechan. Nunca obtuvieron descanso y fueron explotados y desechados.

Mucho cuidado, porque esto no es el modelo del liderazgo de Dios. Su modelo es dejarte descansar honrándote y que, cuando vuelvas, encuentres algo mejor de lo que tú has sido parte. Si no lo haces así, los otros lo repetirán, entonces, nadie querrá irse y el problema es que tendrás una entidad o un ministerio o una compañía con un equipo de gente cansada que se quemará por agotamiento.

Como escribió Rick Warren en Liderazgo con propósito, y lo encontramos también en el libro de Eclesiastés 10:10: “Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza” (NBD). O en las palabras de Stephen Covey, en Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas: “Hay que afilar la sierra”, porque el trabajo duro se enfrenta y está potenciado con y por un hacha bien afilada que nos permita cortar. Si tenemos un hacha bien afilada y no descansamos, seremos un desastre, porque estaremos todo el día golpeando con ese instrumento y, cada vez, se nos hará más difícil, pues vamos perdiendo el filo y, también, nos maltratamos nosotros mismos por tener que hacer un mayor esfuerzo.

Las pruebas de la vida, los golpes, las circunstancias, el cansancio, la sobrecarga de trabajo, todo nos puede hacer perder esa energía productiva del entendimiento de las cosas que solamente nosotros podemos sentir. El buen líder se detiene a afilar el hacha mientras los otros siguen golpeando. El que sabe afilar el hacha, lo hace cada vez mejor, para que cuando dé el primer hachazo, pueda marcar la diferencia al voltear el árbol. Dios nos lo enseñó con el ejemplo al dedicar al descanso el último día del acto creacional.

Por otro lado, el líder tiene que ayudar a sus colaboradores a encontrar y conectar la vida con sus propósitos y a hacer que ese propósito sea lo central, que con ese propósito Dios nunca se equivoca. Si te da un talento, te lo da porque sabe que lo puedes desarrollar. Cuando se dice que se puede ayudar a que la gente cumpla con su propósito, se habla del propósito que Dios tiene para esa persona.

El propósito de esa persona no es para uso exclusivo o excluyente del líder. Es para bendecir a otros, empezando por la propia familia.

Los hijos de Dios siempre tenemos que ir para adelante, nunca para atrás. Proverbios 4:18 tiene sabiduría cuando dice que la senda de los justos es como la luz de la aurora, que aumenta hasta que el día llega a su perfección (paráfrasis mía). Si  los justos, que somos nosotros los hijos de Dios, no vivimos como en un amanecer que va en aumento, estamos haciendo las cosas mal. La Iglesia tiene que ir de bien a mejor, no de mal a peor. Tenemos que ayudar a la gente a crecer comprometidamente.

—Tomado del libro Biografía no autorizada de un líder por Esteban Fernández. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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