motherdaughterlaugh“Todos los días del afligido son difíciles; Mas el de corazón contento tiene un banquete continuo” (Proverbios 15:15).

Una de las definiciones que el diccionario brinda para el término afán es: “estado de agitación: preocupación… temor anormal sin una causa específica” (Webster’s II New Riverside Desk Dictionary [Boston: Houghton Mifflin Company, 1988], s.v. “anxiety” [afán]). Este sentimiento de agitación, conocido como afán, carece de precisión y su raíz no puede identificarse con facilidad. Es una sensación general de temor o miedo cuyo origen no podemos nombrar de manera específica. Solía con frecuencia sentirme de este modo. Sabía que tenía un problema, pero desconocía que tenía un nombre: afán.

Recuerdo una época de mi vida en particular cuando parecía estar inusualmente afectada por el afán. Me encontraba llena de temores por muchas cosas sin razón aparente. Era incapaz de librarme del temor de que algo malo iba a suceder, pero no sabía por qué. Finalmente, recurrí al Señor y le pregunté qué era lo que me estaba perturbando. Trajo a mi mente la expresión “mal presentimiento”. En ese momento, no tenía idea de lo que aquellas palabras significaban o de dónde provenían.

Tiempo después, me encuentro con Proverbios 15:15, el cual dice: “Todos los días del afligido son difíciles; Mas el de corazón contento tiene un banquete continuo”. En la medida en que comencé a estudiar esta escritura, llegué a entender que era igual a muchas otras personas. Estaba en búsqueda de algún problema importante sobre el origen de mi afán, algo grande que me haya estado impidiendo disfrutar de mi vida cotidiana. En realidad, era simplemente una persona tan exigente que creaba problemas en donde los problemas no tenían lugar.

Tenía el mal hábito de hacer un escándalo por nada, afanarme por cosas que no valían la pena preocuparse, o como dice el viejo refrán: hacía una montaña de un grano de arena. Finalmente, llegué al punto en donde me di cuenta de que permanecería ansiosa y preocupada todo el tiempo si no decidía cambiar. Si deseaba tener paz en mi vida, tenía que aprender a despojarme de ciertas cosas, olvidarlas y avanzar.

La Biblia nos enseña que la angustia trae una sensación de pesadez en la vida de una persona. De hecho, Proverbios 12:25 dice: “La congoja en el corazón del hombre lo abate; Mas la buena palabra lo alegra”. Sin lugar a dudas, he experimentado el hecho de que la angustia nos abate y nos impide vivir una vida despreocupada y libre, y quizás a usted también le haya pasado. Por lo general, los afanes se convierten en una carga verdadera y nos impiden gozar de la vida y avanzar en los planes que Dios tiene para nosotros. Las personas que permiten que sus vidas se constituyan de preocupaciones por una cosa tras otra se ven imposibilitados a experimentar la paz y el gozo. La buena noticia es que podemos elegir. Podemos elegir estar preocupados o podemos elegir estar en paz. Gracias a Dios, no tenemos que vivir conforme a nuestros sentimientos, sino que podemos aprender a vivir por encima de estos o aprender a manejarlos.

La Palabra de Dios nos muestra que existe una fuerte conexión entre Jesús y la paz. Cuando lo elegimos a Él, el Príncipe de paz (vea Isaías 9:6), elegimos el camino de la paz. En Juan 14:1, Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”.

Jesús también dijo en Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Si analizamos Juan 14:1 y 27 juntos, el mensaje de Jesús es claro. En estos versículos, se asegura de que sepamos que podemos elegir sobre si permitimos o no que nuestro ser se turbe. Podemos controlar la manera en que respondemos ante las cosas que podrían turbarnos. Podemos elegir tener paz o vivir en aflicción. Podemos elegir permanecer calmados cuando las circunstancias amenazan nuestra sensación de bienestar o podemos elegir tranquilizarnos si algo nos está perturbando.

Quisiera rápidamente manifestar que si bien la paz de Dios nos pertenece como creyentes, la salvación no nos garantiza tener una vida sin problemas. Aún enfrentaremos problemas y atravesaremos momentos en nuestras vidas cuando las cosas no salen como quisiéramos. Jesús nos advierte sobre esto en Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Jesús sabía que todas las cosas no nos irían exactamente según lo planeado en nuestro diario vivir, razón por la cual nos dice que tendremos aflicción. Sin embargo, Jesús también nos da una respuesta: “Pero confiad”, o en el lenguaje actual: “¡Anímese!”.

Jesús, quien vive dentro de aquellos que creen en Él, ha vencido al mundo y a las aflicciones que en él hay. ¡Esto es motivo suficiente para tener paz y confiar!

Una vez que comprendí este principio, cuando comenzaba a preocuparme por algo que no valía la pena, sentía que el Señor me recordaba: “Ten paz y confía. No seas tan extremista. ¡Relájate y disfruta de la vida!”. Luego, me pondría a pensar: Oh, es verdad. Se supone que debo disfrutar de mi vida. Puedo recibir el gozo a través de la salvación, y el Príncipe de paz, quien ha vencido al mundo, vive dentro de mí.

Lo animo a que medite sobre Juan 14:1 y 27. Comience a tomar la decisión consciente de elegir la paz por sobre el afán. Recuérdese a usted mismo tener paz y confianza. Si es como yo solía ser, el proceso de salir de la agitación emocional casi constante hacia un lugar tranquilo y apacible llevará algún tiempo. Sin embargo, puedo decirle por experiencia propia, que es posible si permanece comprometido. Vale la pena cualquier sacrificio por vivir en paz.

―Tomado del libro Viva sin preocupaciones por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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