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El amor siempre requiere acción. No es solo algo que tratamos de obtener para nosotros, sino una acción que le expresamos a los demás cuando hacemos algo, como compartir y servir. El amor es mucho más que una palabra, o una teoría: es una acción. Creo que Dios nos da tres instrucciones muy importantes sobre a quién mostrarle amor.

1: Amar a Dios

Deuteronomio 6:5 dice: “Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas”. En el Nuevo Testamento, Jesús repite este mandamiento, incluso lo señala como el mandamiento más importante de todos (al igual que amar a su prójimo como a usted mismo).

           Mucha gente me pregunta: “Joyce, ¿cómo le expreso mi amor a Dios? ¿Diciéndole ‘te amo, Dios’? ¿Cantándole canciones de alabanza? ¿Asistiendo a la iglesia?” Todas estas son buenas acciones y, cuando provienen de un corazón sincero, definitivamente demuestran amor a Dios. Le demostramos a Dios que lo amamos teniendo una relación con Él. Queremos compartir con aquellos que amamos, así que es razonable que le demostremos nuestro amor a Dios queriendo compartir con Él. Me gusta la idea de “hacer vida con Dios”, incluyéndolo en todo lo que hago y hablando con Él a lo largo del día. Obedecer la voluntad de Dios es una de las mejores formas de demostrarle nuestro amor. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (ver Juan 14:15). Creo que nuestro nivel de obediencia crece cuando conocemos y experimentamos su amor, bondad y fidelidad. Nuestro deseo de seguir y obedecer los mandamientos del Señor aumenta, en la misma medida que aumenta nuestro amor por Él.

Hace cuarenta años, yo podía decir que amaba a Dios si alguien me lo preguntaba, pero yo no era totalmente obediente, así que, obviamente, solo amaba a Dios hasta un cierto punto. Con el paso de los años me he enamorado más profundamente de Él y me he vuelto más obediente. Estos dos factores van de la mano. Sospecho que seguiré mejorando por lo que me resta de vida y lo mismo le ocurrirá a usted.

2: Amarse a sí mismo

Es interesante notar que cuando Jesús habló del mandamiento más importante de todos, citó Deuteronomio 6:5 y dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón. Pero mucha gente olvida que Él también añadió el segundo mandamiento más importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (ver Marcos 12:31).

Creo que aquí hay algo importante que la gente siempre omite: No podemos dar lo que no tenemos. ¿Cómo podemos amar a alguien, si ni siquiera sabemos cómo amarnos a nosotros mismos? Esta es la razón por la cual Dios quiere que nos aceptemos, que abracemos nuestra personalidad e incluso nuestras imperfecciones, sabiendo que aunque no estamos donde necesitamos estar, estamos avanzando. Jesús murió por nosotros porque tenemos debilidades e imperfecciones, y no debemos rechazarnos por causa de ellas. ¡Dios quiere que nos amemos a nosotros mismos y que disfrutemos como Él nos creó! Con frecuencia esto es difícil de hacer, pero es importante hacerlo. Dios nos amó lo suficiente como para enviar a Jesús a morir por nosotros, y necesitamos recibir su amor, así como tener un amor saludable por nosotros mismos. Agradezcamos el hecho de que fuimos formados y diseñados por Dios con un propósito especial y aceptémonos.

 3: Amar a los demás

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte” (1 Juan 3:14).

Esto es emocionante: Vida, en este versículo, es la vida de Dios o la vida que Dios desea. ¡Dios nos lo ha prometido! No tenemos que ir por vida como la gente que piensa y respira, pero nunca vive la vida como Dios desea. ¡Queremos disfrutar todo lo que Dios tiene para nosotros! Y la mejor manera de hacerlo es sirviendo, ayudando y bendiciendo a otros. Cuando lo hacemos, ¡Dios nos da a cambio vida en abundancia! Ana Frank lo dijo de esta manera: “Nadie nunca se ha empobrecido por dar”.

Amar a los demás es la única manera de mantener la vida divina fluyendo a través de nosotros. El amor de Dios es un regalo; está en nosotros, pero debemos transmitírselo a los demás a través de nuestras palabras y acciones. Si lo dejamos dormir, se estancará como una piscina sin desagüe. El acto de ayudar a los demás es una de las cosas más estimulantes que he experimentado. Siento una emoción en mi espíritu y en mi alma cuando planeo hacer algo para que otra persona se siente amada y estimada.

Todos podemos sentir el mismo estímulo solo “amando enérgicamente hacia el exterior”. Es decir, que el amor resuene con fuerza en nuestra vida. Debemos practicarlo frecuente y contundentemente. Le propongo algo: piense en tres personas que usted conozca que pudieran a apreciar una manifestación del amor de Dios. Luego piense en formas creativas de expresarle ese amor a esa persona. Ahora vaya y hágalo. Le garantizo que al final sentirá un sentimiento maravilloso de satisfacción y júbilo. Ahora, intente hacerlo todos los días. Quizás piense que no tiene tiempo, pero demostrarle amor a los demás solo toma unos minutos. Puede ser algo tan sencillo como un cumplido, o una preocupación genuina por aquellos que sufren.

Si se dedica a amar a Dios, amarse a sí mismo y amar a los demás, tendrá una gran cantidad de bendiciones en su vida. Le animo a buscar a Dios y a pedirle al Espíritu Santo que le ayude a mejorar en esta área. Él le ayudará a superar todo lo que pueda obstaculizar el proceso. Recuerde: Dios es amor. Él nos ama. Y Él quiere que compartamos ese amor con los demás.

—Tomado del libro Sobrecarga por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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