kingdomAlgunos psicólogos creían que los llamados niños índigo tenían problemas y anomalías mentales, mientras que otros insistían que habían experimentado algún tipo de actividad paranormal o evolución de la conciencia. Francamente, palabras como telepático y clarividente me hacían temblar. ¿Las experiencias de Josiah venían de Dios y su Reino, o de alguna especie de reino “psíquico”?

Antes de que pudiera pensar mucho en ello, Josiah llegó dando saltos. No había compartido con él nada respecto a Kim (la terapista favorita de Josiah), así que él no sabía nada sobre nuestras conversaciones. Mientras esperaba que escribiera, pensé en lo mucho que apreciaba los conocimientos profesionales de Kim y su deseo de ayudarnos.

Hola, mamá, escribió. No. Kim natural es agradable llamarte y conversar. Mi hosca mente de milisegundos enmarca un no natural a mi etiqueta de índigo. Sonoro no.

Sí, Josiah es un brillante portavoz de Dios. No soy un índigo. Soy un niño promedio llamado a una fuerte misión para hacer real a Dios. Portador de su nombre, le serviré toda mi vida.

Mis ruidosos agresores conocerán mi nombre porque temen que mi minada mente trabaje como mi Rey expresamente quiere que trabaje. El amor sonará en las calles. La música se sentirá nuevamente. La carencia sentirá sed de importante novedad de vida. El desánimo se convertirá en gozo.

 Mi uniformidad no será encontrada en esta tierra. Mi mente saturada lo está animando a llenarla hasta rebosar, pero Él la llena hasta mis límites, no hasta mis deseos. No tienes que preocuparte de que mi cabeza explotará. Él me rescata, me anima a correr a Él ahora y siempre.

Mi Dios no llama ningún gurú. No soy un gurú. No soy un médium evanescente. No soy un clarividente. No soy más santo que nadie. Jesús me llama a la misma santidad como a cualquier otra persona. Mi nombre está orientado a los negocios, a la música, a la nacionalidad, a la iglesia, a la fe, a romper el autismo. Mi nombre es poeta ocupado, músico de adoración, profeta y niño intrépido que ama a mi Dios.

 Mi nombre es Josiah. Mi mamá es pastora. Mi papá es productor. Mi perro es un pacificador. Cada día soy llamado como el fuego de Dios. El fuego es mencionado cuidadosamente para calentar, para destruir el suelo muerto, para avivar un cambio radical, para hacer que se vean claramente las respuestas naturales. El fuego llama al oro como joyería ardiente, plata como armas ardientes, arcilla como vajilla para llevar bienes.

 No hay necesidad de etiquetarme como índigo o como mensajero valioso del cielo, o como poeta pensador, o chico profeta. Yo solo soy encendido por su fuego. Mi vida lo necesitará durante todos mis días.

Autismo o TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), las etiquetas naturales del hombre, significan que el chico es peligroso para quienes lo rodean. Mi vida es calculada para hacer de mi nombre sinónimo con la bendición básica.

Mi nombre es Josiah. Mi meta es hacer mi audaz Padre al decir a sus puertas que sean rápidas, santas y muy abiertas para toda la gente que lo llama Padre, llama hijo a Jesús y ayudante al Espíritu Santo.

Mi nombre básico es niño. No necesito una etiqueta para aclarar esto. Soy su fuego, saben. ¿Me nombran ustedes su fuego? Decir que soy Josiah, que significa fuego de Dios, es decir mi nombre y mi objetivo.

—Josiah —dije, tratando de procesar todo—. Sé que en el pasado has dicho que tú eres como el fuego de Dios. Me pregunto, ¿sabías el significado de tu nombre? Yo creo que sí.

Dios me lo dijo. No sabía que mi nombre significaba fuego de Dios, ni que mi objetivo estaba en ese nombre. ¿Tú sabes que Josiah significa fuego de Dios?

Asentí.

—Claro, por supuesto. Sabía el significado cuando te bauticé con ese nombre. Josiah significa “fuego del Señor”. Incluso solía cantártelo. “Josiah, el fuego del Señor está sobre ti. El fuego del Señor está sobre ti ahora”. Tenía la boca abierta mientras escribía.

 ¿Así que lo sabías? ¿Me pusiste Josiah porque te gustó “el fuego del Señor?” Esto es increíble, mamá. Debías ponerme Josiah, y ni siquiera lo sabías. Un nombre real, un llamado real en mi vida, mamá.

Pero no es igual que el rey Josías. Él no fue como otros reyes. El tocayo se llenó de las leyes de Dios, conocía su nombre, vio su fuego y valoraba su santidad en todos los lugares de la sociedad judía. Mi tocayo hizo mi nombre para mí.

Recordé haber leído sobre los logros de ese rey cuando estuve en el retiro en Pacem in Terris (Paz en la Tierra).

—JoJo*, ¿sabes algo sobre el rey Josías?

Hablé con él, mamá. Él me dijo que los reyes nominales no solo se ponían sus propios nombres, sino que nombraban sus reinos para que fueran sus edificaciones, sus graneros, sus templos de muchos dioses, sus negocios, sus bustos legendarios, que los hacían inmortales.

Básicamente, el rey Josías me dijo que los tiempos se desvanecieron cuando los negocios se convirtieron en Dios, cuando la vaguedad se convirtió en fe, cuando la religión básica se convirtió en mezquindad teológica nacional ingeniosa.

Mi trabajo era su trabajo. Llamarme Josiah fue un gran repaso a mis directrices. Recibo esa decisión con agrado.

—Gracias —le dije, acomodándole la camisa—. Y tu papá y yo recibimos con agrado lo bien que has sabido honrar el significado de tu nombre.

Dios me dio momentos deliciosos en su presencia para decir que Él es un fuego que consume. Mi Dios es una jabalina entre las acciones y la fe.

Es Él la razón de que las civilizaciones puedan alimentarse de mí, pero no hay diferencia. Él no hace que el chico marche a ningún tambor, así que ninguna jabalina hermosa que trate de nombrarme algo puede reclamar mi fe llamada Jesús. No tengo mercado al que pertenezco. Soy el fuego de Dios y Él no lo puede llamar fuego si no es totalmente consumidor.

Dios dice que ningún hombre puede vivir sin ver el brillo de la majestad de Dios por lo menos una vez antes de morir. El hombre no se equivoca o no es un expresivo: “Lo perdí”. Ellos ven su gloria, mamá, por lo menos una vez en sus vidas. Ellos lo necesitarán o lo harán sobre todo sonoro que ellos no lo harán. Su vida en ellos es grande si ellos lo necesitan. Es pequeña si ellos lo necesitan de alguna forma. Es nada si ellos no lo necesitan de alguna forma.

El hombre nunca muere hábilmente sin pensar en su existencia. Es imposible. Él no está separado de los hombres, no ahora, no antes, y nunca lo estará.  Que nombre tan bueno me dio Dios, mamá. El fuego de Dios.

Esa noche, mientras el viento golpeaba sonoramente las ventanas, las palabras de Josiah se encendían en mi mente como llamas, haciendo que me repitiera lo que me había preguntado mil veces: ¿Cómo podía Josiah experimentar el cielo de una manera tan profunda y no ser sanado?

Mi iPad brillaba bajo las sábanas como la luna llena que había visto en casa de mi amiga Sue Rampi un par de noches atrás. Después de despedirme de las chicas, me quedé en la acera contemplándola, agradeciéndole a Dios por su belleza y por cada oportunidad que Él me había dado de influir con mis palabras en las vidas de los demás.

Algo extraño ocurrió la mañana siguiente. Josiah, que no sabía nada sobre mis reflexiones frente a la casa de Sue, se despertó y escribió que él me había visto mirando la luna y hablando con Jesús.

—¿Có-cómo sabes eso? —dije entrecortadamente, sintiendo que me quedaba sin aire del asombro—. ¿Cómo lo viste? Miré mientras plasmaba su respuesta.

Desde el cielo. Sí, directamente cuando miraste hacia arriba Jesús me dejó verte. El ministerio del evangelio al que asistieron las mujeres estaba siendo ministrado también por la hermosa luna.

Bajo las sábanas, en el silencio de la noche, busqué en los escritos previos de Josiah y me llamó la atención una de sus reflexiones.

Las horas en la escuela son brillantes, pero no felices para mi alma. Rompen mi corazón. Mi gran escuela agradable necesita mi gran ser agradable para ser agradable, pero mi grado de agrado no logra que nadie me escuche. Llévame de vez en cuando, ¿puedes? Necesito un abrazo. Mis noches son por mucho, mucho más sonoras que mis días.

Cerré los ojos con fuerza. Oh, Padre. Mi hijo la pasa muy mal en la escuela. Ya es demasiado difícil para alguien como él lidiar con un cuerpo que no obedece, pero, ¿cómo se supone que alguien que experimenta el cielo de forma habitual se acostumbre a todas sus limitaciones? Te lo ruego una vez más, por favor, sánalo.

Desde lo más profundo de mi dolor, pensé en David componiendo sus salmos. ¿Cómo pudo haber pasado de sentir que a Dios no le importaba él, a asegurar confiadamente que el Creador del universo estaba involucrado íntimamente en cada detalle de su vida?

Mi viejo sueño de la galería de arte apareció de repente en mi cabeza. Tal vez el rey David personalmente entendió que Dios no escribe sobre líneas rectas. En cuanto a mí, bueno, estaba empezando a entenderlo.

Padre, en medio de esta noche inquieta, escojo adorarte, sin importar lo desastrosas que sean las líneas de mi vida. Tú eres grande. Eres poderoso. Tu voz que da vida es poderosa y majestuosa. Cuando pienso en el cielo, me digo: ¿Qué es el hombre para que pienses en él? Oh, cómo cuidas de nosotros.

  —Tomado del libro El fuego de Josiah por Tahni Cullen. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso. Josiah es un niño que a los dos años de edad perdió repentinamente la capacidad de hablar, jugar y socializar. Fue diagnosticado con autismo. A los cinco años de su diagnóstico y sin haber sido educado formalmente en lectura y escritura, de repente comenzó a escribir en su iPad mensajes y visiones de Dios. *JoJo es como Tahni llama de cariño a su hijo Josiah. 

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