istock 3277366“Maestro”, dije, “tengo una pregunta. Si la muerte del Mesías fue ordenada por Dios, un evento de la más elevada santidad, ¿por qué sucedió por medios tan impíos?”.

“¿Cómo sabe que los medios no eran santos?”, preguntó él.

“Sucedió mediante hombres malvados, mediante soborno, traición, brutalidad y asesinato... maldad”.

“En la antigua Israel, ¿quiénes eran los que Dios ordenó para ofrecer los sacrificios?”, preguntó él.

“El sacerdocio”, dije yo, “los hijos de Aarón”.

“¿Y quiénes fueron las personas clave implicadas en llevar al Mesías a su muerte?”.

“El Sanedrín”.

“Guiados por el sumo sacerdote e incluidos los principales sacerdotes del Templo, los hijos de Aarón, los mismos ordenados por Dios para ofrecer los sacrificios. ¿Por qué estaban tan obsesionados con el Mesías? Ellos eran los sacerdotes y Él era el Cordero, el sacrificio; de modo que ellos fueron quienes iniciaron su muerte. Ese era su ministerio y su llamado; solamente ellos podían llevar a la muerte al Cordero de Dios, y por eso ellos conspiraron y lo arrestaron, y lo entregaron a los romanos para que fuera crucificado. Era ministerio de ellos ofrecer el sacrificio”.

“¿Entonces lo mataron porque ellos eran los sacerdotes y Él era el sacrificio?”.

“No porque ellos lo supieran, sino aun así, porque ellos eran quienes fueron ordenados para hacerlo; y por encima del Sanedrín, era el sumo sacerdote quien, a solas, era ordenado para ofrecer el sacrificio más santo, la expiación mediante la cual eran perdonados los pecados de la nación. ¿Y quién era quien presidía el Sanedrín y fue más que nadie responsable de llevar al Mesías a su muerte? El sumo sacerdote. Su intención era asesinar; sin embargo, él era el ordenado en la Ley para ofrecer el sacrificio. El Mesías era el sacrificio, de modo que fue el sumo sacerdote quien tenía que ofrecerlo”.

“Pero ellos eran malvados”, dije yo, “y sus motivaciones y acciones eran corruptas”.

“Y sin embargo, mediante sus acciones vino la salvación”, dijo él. “El mundo está lleno de maldad, de lo imperfecto y lo equivocado; pero Dios hace que todas esas cosas, lo equivocado, lo imperfecto y la maldad, obren para bien, para lo santo y lo perfecto... en este mundo y en nuestras vidas. Las lágrimas, las crisis, los sufrimientos, la maldad y toda ofensa se convertirán, al final, en los sacerdotes de la ofrenda, para cumplir los propósitos sagrados y las bendiciones que Dios ha ordenado para nuestras vidas”.

La misión: ¿Qué o quién en este mundo está contra usted, u obrando para mal? Entréguelo a Dios, y dé gracias de antemano porque Él lo cambiará para bien.

Lea Levítico 16; Mateo 20:18; Romanos 8:28.

 

El misterio del sacrificio del Viernes Santo 

 —Tomado del libro El libro de los misterios por Jonathan Cahn. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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