Boletin de Vida Christiana

Estad quietos

praying men with bible“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios . . . ” (Salmos 46:10).

Durante mis primeros años como cantante de música sacra, pertenecí a una agrupación musical. Recuerdo lo mucho que disfrutábamos viajando por los pueblos de nuestra Isla, llevando el mensaje del evangelio cantando en nuestro estilo muy peculiar. Éramos jóvenes recién convertidos, llenos de energía, intrépidos, arriesgados y con un compromiso genuino con Dios.

Cuando se trataba de predicar la Palabra de Dios, no nos importaba dormir a la intemperie como lo hicimos en la vecina islita de Vieques o en casetas de lona en la playa de Maunabo, bajo una lluvia torrencial. Estas experiencias eran como aventuras que disfrutábamos en gran manera, teniendo la certeza de que lo que hacíamos estaba dentro del propósito que el Señor tenía para cada una de nuestras vidas. Dentro de tantas experiencias, recuerdo una que no solo estremeció mi vida, sino la de todos en el grupo.

Sucedió que a la esposa de uno de los integrantes de la agrupación, quien también colaboraba de manera muy activa, le fue diagnosticado un cáncer muy agresivo que ponía en peligro su joven vida. Inmediatamente activamos una cadena de oración entre nosotros, nuestras familias y los hermanos de las diferentes iglesias a las que pertenecíamos. Estábamos seguros y confiados de que Dios haría el milagro. No esperábamos menos de eso porque esta joven mujer y su esposo habían dedicado toda su energía y juventud al servicio del Señor.

Pero contrario a lo que todos esperábamos, ella se fue consumiendo físicamente de manera tan acelerada, que en un abrir y cerrar de ojos estábamos en medio de sus exequias fúnebres. Aunque no recuerdo cuánto tiempo pasó entre su diagnóstico y su muerte, para mí fue demasiado rápido. El hecho de que los medicamentos que le suministraron no pudieran detener su cáncer no era sorpresa para mí. Lo que sí era incomprensible para todos nosotros era que nuestras oraciones no hubieran dado resultado. Aunque nunca hablamos de eso abiertamente, puedo asegurar que en el corazón de cada uno de nosotros y en especial en el de su esposo, había las mismas preguntas para Dios: “¿Qué pasó? ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo es que esta joven que te ha dedicado su vida, que es líder en su iglesia, haya muerto de esta enfermedad sin ser sanada por ti? ¿A qué clase de Dios le servimos?

La verdad es que éramos muy jóvenes para entender muchas cosas. Aunque esta experiencia fue como una herida mortal para nosotros y no teníamos respuestas a esas preguntas que nos seguíamos haciendo en nuestro interior, nunca dejamos de cantar para Él. Hay un viejo cántico que dice: “Pero en el dolor es mejor cantar”. Así lo hicimos. Con el pasar de los años dentro de la vida cristiana, hemos aprendido que hay cosas que nunca podremos entender del todo.

Si bien es cierto que se nos presentan situaciones que ameritan nuestra acción, nuestro mayor esfuerzo o dedicación, hay otras en las que nada logramos afanándonos en busca de explicaciones. En la vida ocurren situaciones que no son para entenderse, sino para aceptarse. Hay momentos en que es mejor estar quietos y callar.

No hay nada malo en llorar la pérdida física de un ser querido; lo malo está en renegar de Dios por ello. ¿Quiénes nos creemos para pedirle explicaciones a Dios por lo que nos sucede? Misericordioso es Él, que ofrece el milagro de despertar cada mañana. ¿Hasta cuándo? Hasta que Él diga. Él es el Dios soberano. Él es el alfa y el omega; el principio y el fin. Nuestra esperanza debe estar puesta en la vida eterna que Él nos ofrece luego de la corta existencia física en esta tierra. Cuando estas circunstancias incomprensibles llegan a nuestra vida, tenemos dos caminos a escoger. Uno nos lleva a la desesperación causada por nuestra obstinada costumbre de tener una explicación para toda situación. El otro nos lleva a la aceptación de la soberanía de Dios. ¿Cuál escoges tú? Pero recuerda que escojas lo que escojas, Dios seguirá siendo Dios.

Oración

Padre bueno, ayúdame a tener paz y tranquilidad en las situaciones o circunstancias que me toca vivir y para las cuales no tengo explicación razonable. Aunque no entienda, confío en ti. Tú eres soberano.

- Tomado del libro Provisiones para tu alforja por Lourdes Toledo. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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