Boletin de Vida Christiana

Ganar mediante la bendición

Muchos mensajes perpetúan la mentira de que maldecir personas y cosas puede producir resultados, pero no son los resultados que honran a Dios. Sin embargo, hay personas que lo creen en su búsqueda desesperada de cambio y poder.

Circulaba un libro en Serbia que fomentaba la idea de maldecir a cualquier persona o cosa que no gustase. Escrito por un estadounidense, el libro había sido traducido a los idiomas serbio y húngaro. Personas asistentes a la iglesia maldecían a cualquiera que les cayese mal, ¡incluyendo autos y árboles! El temor era la fuerza impulsora tras esa motivación. La maldición busca la destrucción por su fruto determinado. La bendición busca la restauración y la resolución como la medida de su éxito.

¿Es usted un determinador (mi juego de palabras), o un terminador cuando se trata de bendición? Un determinador está decidido a bendecir independientemente de lo que cualquiera haga a cambio. No es movido por las circunstancias inmediatas. Un terminador tiene un pensamiento lineal y corta una relación cuando hay cualquier indicación de resistencia. El determinador ganará mediante la bendición. Un terminador tiene muchos puentes quemados y numerosas relaciones a corto plazo. Si vale la pena luchar por algo, vale la pena bendecir para ganar. Al menos, la bendición está cerca del corazón del Señor, y usted sentirá el agrado del Señor cuando bendiga y se refrene de maldecir. Con la pequeña fotografía de Esteban que se nos da en el libro de Hechos, obtenemos la imagen de que él tenía el corazón de un determinador.

Él era un diácono que servía con benevolencia. Esteban estaba lleno de fe y del Espíritu Santo (véase Hechos 6:5). El ministerio de Esteban era lo bastante poderoso para obtener la atención de las personas religiosas debido a las señales y milagros que sucedían por medio de su ministerio. Él confundía a los líderes religiosos con el espíritu de sabiduría y el espíritu en el cual hablaba. Ellos se veían tan amenazados por perder el control de su dominio que desarrollaron una conspiración contra Esteban. Con falsas acusaciones, arrastraron a Esteban delante del concilio religioso para ser juzgado allí. En su defensa, Esteban relató la historia de los judíos y terminó con una hirviente reprensión a los oyentes religiosos.

¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis (Hechos 7:51-53).

Después de ese discurso público, la audiencia de Esteban estaba preparada. Avivados por su odio a la verdad y al hombre que se atrevía a decirla, se abalanzaron contra él crujiendo sus dientes: una escena no muy agradable. En la mente de ellos había una manera de silenciar a un hombre así, y era la muerte. Pero Esteban levantó su vista al cielo y vio la gloria de Dios. Jesús estaba de pie a la diestra del Padre.

He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo (Hechos 7:56-58).

Este es un creyente maduro y lleno de fe y determinación. Rodeado de sus adversarios y a las puertas de la muerte, él no reaccionó al odio de la multitud. En lugar de rechinar sus dientes contra la gente y acusarles por su rechazo, Esteban vio a Jesús y los bendijo pronunciando la voluntad de Dios, que era perdonarles. En mi mente imagino a Esteban mirando a Jesús, la personificación de la bendición, y entonces haciendo lo que vio hacer a Jesús. ¡Vaya! Eso hará que circulen las endorfinas.

Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió (Hechos 7:60).

¡Qué acto tan poderoso! Esteban luchó contra la tendencia natural humana de resistirse a la bendición y al perdón de la multitud. Él no clamó y dijo: “¡Señor Jesús, sácame de este lío! Yo no esperaba esto”, o: “Sólo he estado sirviendo mesas; ¿no me merezco algo más que esto?”. Esteban vio a Aquel que rompió el poder de la maldición, y por eso su enfoque no estaba en los acusadores sino en quien bendice. En cambio, el ver al Señor en su gloria le dio fortaleza para bendecir a los conspiradores y ejecutores. Esteban se convirtió en un testimonio de la verdad de que mayor es Aquel que bendice que quien maldice.

Nunca sabemos a quién afectaremos cuando escogemos una postura de bendición. El apóstol Pablo, un hombre a quien Dios utilizó grandemente para escribir un tercio del Nuevo Testamento, estaba en el apedreamiento de Esteban cuando era joven. Ese acontecimiento tuvo que haber causado una impresión en la mente de Pablo (Saulo en ese momento) (véase Hechos 22:20). Más adelante, cuando Pablo se enfrentó a personas enojadas y resistentes, también escogió bendecir y no maldecir.

En otra ocasión, Pablo y Silas fueron golpeados y metidos en la cárcel por hacer libre de un espíritu de adivinación a una joven esclava. Pablo y Silas comenzaron a cantar alabanzas al Señor en lugar de quejarse de su acomodación. Otros prisioneros les escuchaban orar y cantar himnos. Entonces, de repente, aproximadamente a la medianoche, la cárcel sufrió un terremoto que hizo que las puertas se abrieran. Surgió el avivamiento y el carcelero y toda su casa fueron salvos. Mientras otros prisioneros maldecían a sus captores, Pablo y Silas se convirtieron en el termostato para el resto de la cárcel y cambiaron la temperatura: de fríos de corazón a un ardiente avivamiento. Usted puede cambiar su situación si bendice en todo tiempo y permite que su alabanza esté continuamente en su boca.

Cuando esperamos en el Espíritu Santo, podemos pasar por muchas cosas. El marco de tiempo varía. Un importante desarrollo tuvo lugar para mí recientemente. Hace veintidós años, yo fui traicionado en un tribunal y mi familia estaba en juego. Aunque yo hacía mucho que había perdonado y liberado a las personas que conspiraron contra mi familia, mi esposa y yo sentimos recientemente que necesitábamos bendecirlas. Comenzamos a declarar: “Señor, que ellos tengan favor contigo. Que experimenten la realidad de tu gracia”.

Ahora, más de veinte años después, ellos llamaron pidiéndome cierta ayuda. Ellos sacaron el tema y pidieron perdón por lo que habían hecho en el tribunal aquel día. ¿Les estaba bendiciendo yo hacía más de veinte años? No. Yo decía: “Dios, que se haga justicia”, o al menos lo que yo consideraba justicia. Creo que la resolución habría llegado años antes si yo hubiera practicado la bendición.

La bendición es un paso final en el perdón. Yo puedo perdonar cada día, pero cuando bendigo puedo comenzar a ver con los ojos del Creador y Padre. De algún modo, las cosas comienzan a verse distintas. Cuando usted bendice a personas, puede sentir su corazón. Es como si el Señor apartase las cortinas de la realidad y podemos ver las cosas desde otro punto de vista. Desde el punto de vista aventajado del Padre celestial es increíble cómo usted puede ver a la luz de la eternidad. A medida que pasaron los años, yo me sentía pasivo en cuanto al problema de la traición que había afrontado. Sin embargo, cuanto más bendecía a esas personas, más sentía misericordia por ellas. Ese es verdaderamente el poder de la bendición.

No estamos solos en nuestra lucha en este mundo. Tampoco estamos sin esperanza. Ganar mediante la bendición fue el modo en que Jesús venció.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33).

Cuando vemos que constantemente culpamos de los problemas a otras personas, ya sea en el trabajo o en el hogar, existe la probabilidad de que no hayamos entendido la revelación de la bendición. Bendecir significa que en medio del caos podemos seguir viendo a Jesús y bendecimos. Escuchar sobre el dolor y el sufrimiento de otra persona o lo que dice sobre nosotros es solamente cebo que el enemigo utiliza para maldecir. Llevar el espíritu de maldición es como ser un imán: usted atrae más de lo mismo. También, su visión es desviada de la visión de la bondad del Señor. La maldición pulsa el botón de pausa y quedamos congelados en el tiempo, retenidos para no avanzar hacia nuestro destino o favor divino.

-Tomado del libro El poder de la bendición por Kerry Kirkwood. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso

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