Boletin de Vida Christiana

Huérfanos de padre

Uno de cada  tres niños residentes en los Estados Unidos no vive con su padre biológico. Eso representa el treinta y tres por ciento (una tercera parte) de en este país, o sea, veinticuatro millones de niños. Si tenemos una población de trescientos millones de habitantes,  una duodécima parte está compuesta por niños que no viven  con su padre. Uno de cada tres de esos niños es hispano.  La falta de presencia física del padre se reconoce como el problema social más grande de nuestra nación. Sin embargo, en el 1960, sólo el once por ciento de los niños vivía sin su padre.  Hemos perdido mucho desde entonces. Lo peor es que el efecto de este problema es causativo. Si descartamos los factores de raza, nivel educativo, país de origen, clase social, nivel económico o religión, todavía la falta de padre en el hogar prevalecería como causa o factor determinante en los problemas que han probado ser consecuencia de la ausencia paterna. 

El mismo Congreso de los Estados Unidos ha reconocido públicamente que la ausencia del padre en el hogar es una de las fuerzas más destructoras en los niños. Es un factor detrás de la delincuencia, la sexualidad prematura, las uniones consensuales, los hijos nacidos fuera de matrimonio, el deterioro en el logro académico, la depresión, la propensión de las mujeres a ser abusadas, la pobreza y los conflictos en la definición de roles sexuales. Se cree que provoca un 100% de aumento de la lucha por la identidad sexual y de la incidencia de homosexualidad. La estructura familiar es un factor que predice la delincuencia en nuestra nación. Si no tuviéramos más factores sociales que este, la ausencia paterna en el hogar es suficiente para crear todos estos problemas que nos ahogan. Esto es sólo lo que ha llegado a medirse. Pensemos en los casos sin reportar y en la gente que no ha cometido crímenes.

¿Qué pensarías si te dijera que los padres ausentes nos cuestan, colectivamente, cien mil millones de dólares al año? Eso es lo que le cuesta al gobierno compensar a las familias cuyos padres no proveen finanzas ni cuidados. Cuando el padre falta, se afecta negativamente la salud de los niños y sus madres.

Cubrir sus necesidades le cuesta al gobierno todo ese dinero, que se paga de nuestras contribuciones. Nos cuesta a todos. Mientras la nación enfrenta la recesión, la guerra y la reforma de salud, hemos pasado por alto a los niños huérfanos de padre. Nuestra sociedad se corroe por la pérdida de la familia nuclear y una tendencia en franco aumento de los hombres que ven a los niños como  “problema de la madre”.

Los hijos de estos padres ausentes tienen mayor probabilidad de ser más pobres que sus padres, mayor probabilidad de nacer bajo peso, menor probabilidad de ser amamantados, mayor  probabilidad de ser criminales como ya mencionamos y menor probabilidad de éxito académico.

Cada una de esas estadísticas es como una gota en el mar comparado con el efecto que sufren estos hijos a nivel individual. Estos niños crecen con problemas emocionales incalculables. El efecto sicológico del abandono dura toda la vida. Papá, ni pienses que abandonar a tus hijos es menos que eso, ni lo adornes con negación ni otras palabras; no hay excusa. Las mujeres que se crían sin su padre se pasan la vida buscando el reemplazo y los niños que se crían sin su padre tomarán por mentor a la primera figura paterna que aparezca.

Tal vez sea un abusador, un pederasta, un traficante de niños o un tirador de drogas. El resentimiento que estos niños sienten es palpable, y surte un efecto desastroso contra su habilidad de formar un hogar sólido y estable para sus propios hijos.

Estos hechos espantarán a muchos, pero la realidad es que hay millones de hombres en nuestra sociedad que se sienten justificados para engendrar hijos, sin la mínima intención de mantenerlos. Sus razones no tan sólo tienen que ver con ellos mismos, sino con quienes los criaron y con las parejas de estos hombres.

Las causas de nuestro dilema actual son complicadas y el remedio no es fácil. Esto requerirá una decisión consciente de parte de cada hombre y su familia para fomentar, motivar, y exigir comportamientos mejores y diferentes. Sin los esfuerzos concertados de todas las partes, el problema sólo empeorará. Yo creo que tenemos que empezar hombre por hombre, familia por familia, no sólo resolviendo su presente, sino previendo hacia el futuro de la familia de sus hijos. Por uno comenzó el problema; uno por uno lo podemos reducir.

La paternidad es un esfuerzo que trae grandes recompensas y fomenta el crecimiento personal. Contribuye, no sólo al bienestar familiar, sino a la autorrealización y al sentido de logro y orgullo del hombre mismo. De paso, ayuda al bienestar de la comunidad, de la cultura, y de la sociedad.

Las madres ganan también. Para las madres, tener un padre activo e involucrado en el hogar no tiene precio. A muchas mujeres se les enseñó que no necesitan un padre para criar a sus hijos, y aunque algunas levantan hijos saludables y productivos, no hay sustituto alguno para el equilibrio y fuerza de una pareja que trabaja en armonía. Esto elimina estrés en la madre, alivia una fuerte carga, y le permite explorar opciones de vida y de carrera.

Los hijos son quienes más ganan en hogares donde el padre está involucrado y presente. Estos niños tienen un padre que les hace sentir protegidos y les provee un ejemplo positivo de conducta masculina. Las estadísticas provistas no explican la importancia de que un niño vea a su padre en sus eventos escolares o a su padre expresando amor a su madre. Estos momentos hacen una gran diferencia en la manera en que los niños modelan la conducta, y en sus opiniones respecto a la importancia de la familia.

Hay muchas razones para fomentar una mejor paternidad, pero no se puede lograr mediante reprensiones o amenazas constantes. A los hombres se les tiene que enseñar que la paternidad es una experiencia positiva y enriquecedora, no importa cuán difícil sea. Los padres ausentes no nacen solos. Aprenden, por imitación o por crianza, una visión de hombría que muchas veces excluye la paternidad responsable. A veces aprenden que la madre de su hijo puede hacerlo todo, inclusive proveer. Otras veces aprenden que basta que el padre provea financieramente y no tiene que hacer más por los hijos. Espero que te hayas alarmado lo suficiente.

Papá, decide hoy que tus hijos no van a ser parte de ninguna de las estadísticas, ni van a cargar toda su vida con la sombra de tu ausencia. Deja de percibir la paternidad como un rol de trasfondo, donde la madre está a cargo de los niños. Se necesita a dos para procrear un hijo. También se requiere dos para mantenerlos, y formar su carácter y su futuro.

—Extracto tomado del libro ¡Necesito a papá! por Ofelia Pérez. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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