Boletin de Vida Christiana

¿Bendición o maldición?

"Pastor Prince, ¿es posible ser cristiano y aun así confiar en nuestro propio esfuerzo?"

Sí, definitivamente. Hoy en día hay creyentes que prefieren depender de sí mismos antes que de Jesús. Solo dependen de Cristo para su salvación, sin embargo, centran la mirada en sí mismos en lo que respecta al éxito en sus familias, sus carreras y sus finanzas.

"¿Qué sucede cuando un creyente confía en su propio esfuerzo y rechaza la gracia de Dios?"

Todos los creyentes estamos redimidos de la maldición de la ley por medio de la obra cumplida por Jesús. Pero cuando un creyente rechaza la gracia de Dios y depende de sus propias obras para ser bendecido, vuelve a caer en la maldición de la ley. Esta es la única manera en la que el creyente puede volver a caer en la maldición de la ley. Su rechazo a la gracia de Dios no significa que pierda su salvación. Solo significa que él mismo no se permite disfrutar de la totalidad de las bendiciones que Jesús compró para él con su sangre.

Cuando rechazas la gracia de Dios, caes de nuevo en las obras de la ley. Contrario a la creencia popular, "caer de la gracia" no significa caer en pecado. De acuerdo con la Biblia, caer de la gracia es volver a caer en las obras y en el viejo pacto de la ley. Gálatas 5:4 declara que "aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley, han roto con Cristo; han caído de la gracia".

Cuando vuelves a depender de tus propias obras para recibir bendición, regresas al sistema de la ley y caes en su maldición. El apóstol Pablo lo expone de manera muy clara en Gálatas 3:10: "Todos los que viven por las obras que demanda la ley están bajo maldición...". Seamos claros en esto. No es Dios quien te maldice. La ley es la que te condena. Nadie puede llegar a los estándares perfectos de la ley. El versículo continúa diciendo: "Maldito sea quien no practique fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley". La ley es un estándar imposible de cumplir y saca a relucir lo peor de cada uno. Nadie puede seguir la ley al pie de la letra. El momento en el que fallas en un solo aspecto de ella, eres culpable de fallar en todos los demás.

Gálatas 3:11-12 continúa diciendo: "Es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque ‘el justo vivirá por la fe'. La ley no se basa en la fe..." Espero que estés llegando a un punto en el que te des cuenta de que nadie puede seguir la ley a la perfección y ser justificado. Sólo se nos justifica por la fe y es por eso que los rectos -tú y yo- viviremos con fe. ¿Fe en qué? ¡Fe en la obra cumplida por Jesús! Seamos ese hombre bendecido cuya confianza está en el Señor y no en su propio esfuerzo físico.

De manera que permite que te muestre dos versículos muy importantes que necesitas conocer. De acuerdo con Gálatas 3:13-14, "Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado de un madero'. Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones...". Notemos que Cristo tuvo que morir en la cruz para redimirnos de la maldición de la ley, no de la maldición del pecado. La mayoría de la gente cree que serán maldecidos cuando pequen, pero eso no es lo que dice la Palabra de Dios. Dice que Jesús nos ha redimido de la maldición de la ley.

De modo que incluso si fallas, la ley no te puede condenar porque estás perdonado y justificado por Jesús. Hay esperanza cuando fallas y poder para ti para que no falles más por medio de Jesús. Pero, ¿qué esperanza hay cuando vuelves a caer en el sistema de la ley y a depender de tu propio esfuerzo para ser justificado? La ley misma te podría maldecir y las bendiciones de Abraham no podrán fluir en tu vida. El pecado ya no es un problema porque Jesús se hizo cargo de eso en la cruz con su propia sangre. ¡El problema es que el hombre insiste en confiar en su propio esfuerzo!

¿Quieres conocer la definición del rey David respecto del hombre bendecido? Echemos una mirada a Romanos 4:6-8 (NVI): "David dice lo mismo cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras: ‘¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!'". ¿Puedes ver la bendición de este hombre? La Biblia no dice que no peca. Dice que su bendición es que incluso cuando peca, ¡ese pecado no le será imputado! ¿Por qué? ¡Porque todos sus pecados ya han sido imputados y castigados en el cuerpo de Cristo!

"Pastor Prince, ¿está diciendo que un creyente igual puede pecar?"

Antes de contestar tu pregunta, permite que te diga la definición de pecado. En el Nuevo Testamento, la palabra griega para "pecado" es hamartia, que literalmente significa "errar el blanco". Una vez que entiendes la definición de pecado, verás que la pregunta más adecuada y correcta que puedes hacer es si incluso un creyente puede "errar el blanco". La respuesta es obvia: incluso los creyentes errarán el blanco de vez en cuando.

Entonces, la cuestión más pertinente es si el creyente sigue siendo justo cuando yerra el blanco. La definición davídica de un hombre bendecido responde esta pregunta: "[esta es] la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras... les perdonan las transgresiones [en caso de errar el blanco] y se les cubren los pecados [en caso errar el blanco]; dichoso aquel cuyo pecado [instancias de errar el blanco] el Señor no tomará en cuenta".

Ahora, al saber que Dios no te imputa tus pecados cuando yerras el blanco, ¿deseas salir y pecar? ¡De ninguna manera! Su favor inmerecido te transforma y llena tu corazón de amor y agradecimiento a Él. Al saber que estás completa y eternamente perdonado por Dios, puedes correr sin vergüenza a Él y llevarle toda tu necesidad. Te conviertes en alguien que confía en el Señor y cuya esperanza está en Él.

¿Cuál es el resultado de todo ello? Te declaro, en nombre de Cristo, que serás como un árbol plantado junto a un río, que expande sus raíces al agua. Porque confías en el Señor, no temerás cuando llegue el calor, sino que tus hojas serán siempre verdes, y no tendrás angustia en las épocas de sequía ni tampoco dejarás de dar fruto. ¡Te encontrarás experimentando las bendiciones del hombre bendecido en todas las áreas de tu vida!


-- Extracto tomado del libro Favor inmerecido de Joseph Prince. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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