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El discipulado en el ministerio juvenil

¿Por qué el discipulado? ¿Qué es un discípulo en realidad? Existe mucha confusión acerca de este tema. Les hice estas preguntas a varios líderes y directores de diferentes denominaciones y se atrevieron a decirme: “El discipulado significa pasión”. Entonces, un discípulo debe ser apasionado. Les respondí: “Hitler fue apasionado; entonces él era discípulo, pero ¿de quién?”.

¿Qué estamos haciendo para formar discípulos dentro del ministerio juvenil? La Biblia enseña que hacer discípulos es un fundamento de la fe, y es imposible conocer la Palabra de Dios y tener un testimonio para los demás sin desarrollar un discipulado propio. En muchas iglesias ya no se forman discípulos. Numerosos líderes han sido capturados por el cuadro grande de la megaiglesia con sus luces, bandas, programas y prédicas muy bonitas que llenan los auditorios de gente. Pero la verdadera pregunta es: ¿Cuántos de esos son discípulos? Si el discipulado es un fundamento de la fe, ¿qué podemos hacer en nuestro contexto para formar discípulos de nuestros jóvenes? Leer más...

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Palabras de vida

Cada experiencia de tu vida Dios la usa para desarrollar algo en ti. El que mi hijo Robi hubiera nacido con hemofilia (un trastorno hemorrágico congénito que se caracteriza por la deficiencia en la coagulación de la sangre) fue una oportunidad para desarrollar en mi vida el hábito de oración.

Aprendí a pelear por lo que nos pertenecía y a clamar la preciosa y poderosa sangre de Jesús sobre nuestras vidas.

Aprendí un nuevo nivel de guerra espiritual, pero sobre todo aprendí a sembrar palabras de vida en mi pequeño. Leer más...

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El uso de toda la armadura

Las instrucciones de Pablo en Efesios 6 no se limitaron a las armas defensivas, sino que también incluyen la formación del cristiano en el uso de las armas ofensivas. Dios nos anima a usar nuestras armas defensivas y a convertirnos en expertos en la protección de los objetos de valor que Él nos ha confiado. Exploremos el poder de cada arma de defensa en nuestra lista. Leer más...

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Caminar con mesura y prudencia

Mi abuela era ¡impresionante! Sentía por ella un intenso amor, teñido de respeto y admiración. Me encantaba verla cuando salía al porche al caer la tarde para su tiempo de lectura. En una mano su bastón, en la otra su Biblia, la cual transportaba con tal devoción que, más que portarla, parecía abrazarla. Su cabello blanco era reflejo de un alma más blanca todavía. Varias veces me dio la impresión de que cuando ella salía al porche, Dios salía de su mano. ¡Y cantaba durante todo el día! No lo hacía muy bien, pero ponía tanto cariño al entonar que al final acababa gustándote. Y cuando guisaba lo hacía con una tranquilidad asombrosa, ¡siempre a fuego lento!

—Estas alubias estuvieron cociéndose durante dos horas.

Así afirmaba mientras degustábamos el delicioso plato, y yo sabía que no exageraba, porque la vi poner el agua al fuego cuando aún era temprano, y luego observé como a cada rato giraba la cuchara de madera dentro de la olla, y la escuché cantar cuando añadía un poco de sal.

—Pero, Aba —le dije un día—. ¿Por qué gastas tanto tiempo en guisar? ¿No tienes prisa?

—¿Prisa? ¿Por qué habría de tenerla? —me miró extrañada—. Dios resolvió lo más urgente que es mi destino eterno, y si alguna otra cosa quiere crearme ansiedad se la encomiendo a Él y descanso. No hay razón para angustiarse.

—Pero la mayoría de las personas siempre tienen prisa —le dije.

—Tienes razón —admitió mi abuelo—, sin embargo caminar con mesura y prudencia sigue siendo la forma más segura de llegar pronto. Ya tuve en el pasado ocasiones de precipitarme y demasiado bien las aproveché —asintió varias veces con la cabeza para afirmar—: Vez tras vez comprobé que correr no me ayudaba a llegar antes, sólo me ayudaba a tropezar —reflexionó un instante y añadió—: Temo que muchos viven a la carrera porque se dejaron enredar en un engaño: comprar cosas que no necesitan, con dinero que no tienen, para impresionar a gente a la que no soportan. No recuerdo quién me lo dijo ni cuándo lo hizo, pero la sentencia se quedó grabada en mí: El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario.

—No es así en todos los casos, por supuesto —matizó la abuela—, pero a menudo ese es el problema. Lo peor es que quien cae en ese engaño, después apenas puede disfrutar eso que adquiere, porque está todo el día ocupado, ganando el dinero que no tenía, para pagar aquello que no necesitaba. Hijo —me dijo entonces—, ¿tú ves que el abuelo y yo tengamos lujos?

—No, Aba.

—¿Ves que nos falte algo?

—No, Aba.

—¡Pues ahí lo tienes! —exclamó como si acabara de descubrir algo crucial—. La clave está en apreciar lo que tenemos sin codiciar lo que nos falta. Hay que reconocer la sabiduría de Epicuro cuando dijo: ¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.

Intervino entonces el abuelo:

—Esa frase es bien cierta —reconoció, y mirándome me dijo—: Desde luego que no estamos diciéndote que no debas soñar, ni estamos diciendo que sea malo perseguir metas y anhelos. Sólo te decimos: aprende a ser feliz con lo que tienes mientras persigues lo que quieres —sonrió al concluir—: Hijo, en esencia, hacen falta muy pocas cosas para vivir, y esas pocas muy poco.

—Y cuando aprendes a apreciar lo que de verdad hace falta —apuntó ella—, descubres que la ansiedad desaparece y dispones entonces de tiempo para cocinar un sencillo plato con calma y disfrutarlo con gozo.

—El mayor problema de las personas está aquí adentro —el abuelo se tocó la cabeza con insistencia—. Si dejas que tu mente se llene de ansiedad, vivirás angustiado; si permites que en ella anide la codicia, vivirás codiciando. Por eso la Biblia (Filipenses 4:8) nos dice que pensemos en lo bueno, en lo amable, en las virtudes… Si cedemos el centro de nuestro pensamiento al Señor —la sonrisa con la que el abuelo coronó la frase, me hizo sonreír a mí también— viviremos en paz y disfrutaremos de serenidad.

Me sorprendió descubrir que al lado de mis abuelos había tiempo para jugar, cantar, reír…para compartir con otros lo que les hacía felices. Algunas veces me he preguntado: ¿Por qué será necesario llegar a viejo para descubrir que no hay que agobiarse tanto cuando uno es joven?

Las verdades que ellos me transmitieron fueron posándose en mi conciencia con la suavidad de una pluma, pero dejaron una marca indeleble, como quien pisa sobre cemento fresco. ¡Qué razón tuvo quien dijo que el que escribe en el alma de un niño escribe para siempre!

Ellos me enseñaron que cuando lo urgente está resuelto, lo secundario encuentra su lugar y la ansiedad se disuelve en vapores de paz. Aprendí a su lado que hacen falta muy pocas cosas para vivir, y cuando despejas tu agenda de lo trivial, descubres que hay tiempo y espacio para lo esencial.

—Pero si alguna vez llegara a faltarte algo —dijo mi abuelo aquel mismo día—, si en alguna ocasión notaras que algo importante falta —repitió—, debes confiar plenamente en Dios; lo necesario llegará, no siempre cuando lo deseas, pero sí cuando de verdad lo necesitas.

—Eso es fe —puntualizó la abuelita—, dejarle a Él los tiempos y los detalles. Dios es mucho más sabio que nosotros y nunca llega tarde —aseguró—; Él nunca se equivoca.

—Tomado de la novela Un verano en Villa Fe por José Luis Navajo. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso. Leer más...

biblia y medicina

"No hay cura"

Desde que tenía cuatro años de edad, Annabel había sufrido un dolor horrible y otros síntomas. Ahora tenía seis. En los meses siguientes a la catastrófica cirugía doble, el gastroenterólogo finalmente llegó al verdadero diagnóstico: trastorno de pseudoobstrucción de movilidad, una enfermedad rara que tiene un profundo efecto en los intestinos, evitando que el cuerpo reciba la nutrición que necesita, y trastorno de hipomotilidad gástrica, que es esencialmente una parálisis en el estómago.

Las palabras más difíciles que he oído decir: “No hay cura”.

El trastorno de pseudoobstrucción de movilidad en niños es por lo general congénito, está presente al nacer. Con el tiempo, las infecciones bacterianas y la malnutrición tienen su efecto, junto con varios problemas que afectan directa o indirectamente casi a cada parte del cuerpo. No se conoce la causa exacta, y es un trastorno difícil de tratar. Al escribir estas palabras, en realidad no hay un protocolo de tratamiento en el que todos estén de acuerdo, porque puede ser difícil llegar al diagnóstico, y hay mucha variación entre los pacientes.

Nos dijeron que se hace cada vez más difícil mantener una buena calidad de vida para los niños con trastorno de pseudoobstrucción de movilidad y trastorno de hipomotilidad gástrica. Debido a que el dolor abdominal crónico es uno de los síntomas principales, ellos frecuentemente no pueden comer, e incluso cuando pueden no quieren hacerlo, porque han aprendido a asociar el comer con sufrimiento físico y angustia emocional. En muchos casos, hay que alimentarlos con suplementos nutricionales líquidos mediante un tubo nasogástrico, que va desde la nariz hasta el estómago, o con un “botón G” que ha sido situado quirúrgicamente en la pared abdominal. Sustituyen de modo eficaz la nutrición necesaria para la supervivencia, pero ponen una carga enorme en los niños, como sucedería con cualquiera en una sociedad donde tantos eventos sociales y celebraciones giran en torno a la comida. A veces es necesario extirpar parte de los intestinos, y se puede pensar en un bypass quirúrgico. A veces son necesarias una colostomía y otras medidas extremas. En los casos más graves, puede que se piense en un trasplante de intestino delgado.

Cierto porcentaje de niños con trastorno de pseudoobstrucción de movilidad y trastorno de hipomotilidad gástrica son capaces de mantenerse en curso después del diagnóstico; se quedan en el mismo estado durante toda su vida, y un tratamiento continuado los mantiene en un nivel bastante constante. Otros niños pasan por muchos altibajos con síntomas en constante cambio y con el tratamiento siendo reajustado en un esfuerzo por mantenerse. La abrumadora mayoría de niños con trastorno de pseudoobstrucción de movilidad y trastorno de hipomotilidad gástrica siguen una trayectoria descendente continua que ya ha comenzado cuando reciben el diagnóstico. Su calidad de vida se erosiona a medida que la necesidad cada vez mayor del control del dolor se convierte en una prioridad más alta. La nutrición vía intravenosa o mediante un tubo PICC les permite sobrevivir, pero no es sorprendente que la depresión sea con frecuencia un problema importante.

A medida que continuamos nuestra búsqueda para obtener la mejor ayuda para Anna, incluso los médicos más optimistas estaban de acuerdo en que no había ningún porcentaje mensurable estadísticamente de niños con trastorno de pseudoobstrucción de movilidad y trastorno de hipomotilidad gástrica que se recuperasen por completo. Simplemente no veían a pacientes ponerse bien y vivir sus vidas libres de dolor y de tratamientos. Nuestra mejor esperanza era hacer que su vida fuera lo más cómoda y feliz posible a medida que los trastornos continuaban haciendo estragos en su cuerpecito.

 Comenzó a formarse un patrón. Un paso adelante, dos pasos atrás. A veces tres pasos atrás. Menos de seis semanas después, ella estaba de nuevo en el hospital, después otra vez en casa pero aún pálida y con dolor, y con su pequeño vientre angustiosamente hinchado. Estábamos de nuevo donde habíamos comenzado, solo que esta vez en los días en que Anna se sentía moderadamente mal, nos sentíamos afortunados. Las noches en que no había nada más que pudiéramos hacer por ella, su papá, Kevin la metía en la cama diciendo: “Quizá mañana te sentirás mejor”. Parecía muy hueco cuando él lo decía, pero Anna lo aceptaba con esperanzada gracia.

 Entonces sucedió lo inesperado…

“¡Mamá!”, mi hija mayor, Abbie apareció rápidamente por la puerta. “Mamá, tienes que… tienes que venir conmigo, ahora mismo. Tienes que salir”.

“Un momento”, dije yo distraídamente. “Déjame terminar esto, y saldré enseguida”.

“No, mamá, ahora. Anna está atascada en el árbol. Está en el árbol”.

Algo en su voz me hizo levantar la vista. Abbie se sujetaba el costado, respirando con dificultad por haber ido corriendo, y su cara manchada de tierra y sudor. Una ráfaga de inquietud recorrió mi pecho. Abbie estaba frenética, pero lo que estaba diciendo, atascada en el árbol, yo lo pensaba como atascada en un árbol, como uno supondría que un niño, un gatito o una cometa estaría atascado en un árbol.

“Abbie, cálmate”, dije con firmeza. “Dime lo que pasa. ¿Está herida? ¿Está sangrando?”.

“¡No! Quiero decir… yo… no lo sé. Está atrapada”.

En el libro Milagros del cielo encontrará el sobrenatural desenlace de esta verídica historia que inspiró la película que lleva el mismo título…

 

—Tomado de libro testimonial Milagros del cielo por Christy Wilson Beam. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso. Leer más...

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Siempre espere la bondad de Dios

Así como el sol irradia calor, Dios irradia bondad. No es lo que Él hace; es quién es Él. La misma naturaleza de Dios es buena.

Es importante que reconozcamos la bondad de Dios. La Escritura dice que toda buena dádiva proviene de nuestro Padre celestial, tanto grandes como pequeñas.

Demasiadas veces, Dios está trabajando en nuestra vida, mostrándonos favor, protegiéndonos, enviándonos sanidad, pero no reconocemos su bondad. No dé las cosas por sentadas. No fue una coincidencia que haya conocido a su cónyuge y se haya enamorado. Dios estaba dirigiendo sus pasos. No fue una oportunidad afortunada lo que le hizo obtener ese trabajo. Fue la mano del favor de Dios. El hecho de que sus hijos estén fuertes y saludables no es solamente buena fortuna. Ese es Dios siendo bueno con usted. A lo largo del día deberíamos estar diciendo: “Gracias, Señor, por tu bondad. Gracias por mi salud. Gracias por mi cónyuge. Gracias por las oportunidades y buenas ocasiones que me has dado”. Leer más...

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