Un cambio de nombre

Nuestros nombres son una parte muy importante de nuestra identidad, y van ligados a nuestra apariencia y personalidad en la mente de quienes nos conocen.
"Mi nombre es Teresa, pero me dicen Tere." "Mi nombre es Elizabet, pero me dicen Eli." Todas hemos escuchado frases similares, ¿verdad? Nuestros nombres son una parte muy importante de nuestra identidad, y van ligados a nuestra apariencia y personalidad en la mente de quienes nos conocen. Nuestro nombre es el portavoz de nuestra identidad.

Esta es una verdad que también se ve en la Biblia. El nombre dado a un bebé solía predecir su identidad y personalidad, su vida.

Podría mencionar varios ejemplos de esto, pero hablaré de Noemí. Ella representa a una mujer con la que muchas mujeres en el mundo se han identificado. Encontramos su historia en el libro de Rut, donde se narra que una familia judía se había refugiado en la tierra de Moab a causa de una gran hambre que afectaba su tierra. Noemí y su esposo llegaron a Moab, y allí hicieron su vida. Criaron a sus hijos y los dieron en casamiento.

Después de muchos años, murió el esposo de Noemí y después los dos hijos. Tragedia tras tragedia cayó sobre esta mujer. Después de haber enterrado tanto a su esposo como a sus hijos, decidió regresar a Judá. Rut, su nuera, decide regresar con ella, y ambas emprenden un viaje largo y peligroso. Al llegar a su pueblo de Belén, Noemí dijo: "No me llaméis Noemí [Placentera], sino llamadme Mara [Amarga]…" (Rut 1:20, énfasis de la autora).

Las experiencias de Noemí habían cambiado su forma de ver el mundo y verse a ella misma. Cada vez que escuchara su nombre, recordaría las tragedias sufridas. Nunca sería libre de la tristeza ni la pena de su pasado. Ya no era más Placentera, una mujer lleno de gozo y optimismo, sino Mara, una mujer llena de amargura por sus experiencias, sin la habilidad de ver que la mano de Dios aun en eso se encontraba.

Ahora, no es para decir que había dejado de ser israelita, hija de promesa. No, pero sí se había olvidado de todas las implicaciones de serlo. No recordaba que Dios había hecho provisión para ella, que no tenía que vérselas por ella misma. Sus ojos no veían todas las bendiciones y promesas que tenía a su alcance como hija de Dios, alguien que tenía relación de pacto con Él. Pero Dios le recuerda sus promesas a través de su nuera, Rut, y su matrimonio con Booz. Esta pareja era evidencia viva de la promesa de provisión, protección y salvación que Dios le había dado a su pueblo. Noemí pudo recobrar su identidad y personalidad original. Su historia termina con un nieto en sus piernas y la proclamación de su importancia en el linaje del mismo Mesías. Dios le cambió el nombre de Mara a Noemí nuevamente.

¿Con qué nombre te das a conocer? ¿Eres conocida como Alegría o Tristeza? ¿Te has puesto un nombre que refleje las circunstancias de tu vida o uno que refleje tu posición como hija de promesa? Quizá siempre fuiste Tonta, Torpe, Porqué-no-puedes-ser-como-tu-hermano, Nunca-servirás-para-nada, y este nombre ha llegado a ser parte de tu identidad, a definir quién eres. Los nombres que describen la pena, el dolor, la vergüenza del pasado no describen tu futuro en los planes de Dios.

Isaías 62:2-4 habla del nombre que Dios nos quiere dar: "…y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará”. ¡Dios tiene un nombre nuevo para mí y para ti, y no es Triste, Tonta, Abusada, Pecadora, Rechazada! ¿Cuál es, pues, nuestro nuevo nombre?

Me gustan los nombres que Dios me ha dado.Es necesario que dejes atrás tus viejos nombres, tu vieja identidad, para que te apropies de los nuevos. Dios te da estos nombres: Bendecida, Bienaventurada, Amada, Acepta, Fuerte. Si logras integrarlas en tu ser, cambiará quién eres, cómo piensas y actúas.Al oír y aceptar estos nombres, llegarán a ser parte de y un reflejo de ti. Tomemos la identidad que Cristo nos da y digamos: "No me llaméis Amarga, sino Placentera". Cambiemos de nombre, cambiemos de identidad.

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