La prosperidad de Dios

"Mas el que confía en Jehová prosperará", Proverbios 28:25
El diccionario de la Real Academia Española define prosperidad como el curso favorable de las cosas, éxito en lo que se emprende sucede u ocurre; prosperar es cobrar fuerza, imponerse triunfar, tener o gozar de prosperidad. Riqueza es la abundancia de bienes y cosas preciosas, y de cualidades o atributos excelentes.

El autor y hombre de negocios Tom Leding, quien escribió los libros De pobreza a riqueza y Prosperity is Your Inheritance (La prosperidad es su herencia), le comentó a Vida Cristiana: "La prosperidad no es sólo posesiones materiales. La verdadera prosperidad significa madurar espiritualmente en la relación de uno con Dios. Es salud física, mental, emocional, y el bienestar del alma". Por su parte, el empresario cristiano e ingeniero civil Roberto López, de 38 años de edad y quien recién fue nominado como Empresario del Año en su natal Puerto Rico, manifestó: "La prosperidad es tener bienestar en todas las áreas: felicidad, éxito, salud". Es decir que la prosperidad y la riqueza son tangible e intangible.

Me pareció curioso el titular de una noticia del periódico secular El Sentinel divulgada por la Internet el 24 de septiembre de 2003, el cual decía: "La religión es un factor importante en la acumulación de riqueza, indica un estudio". Según ese estudio, hecho por la Universidad de Ohio en EE.UU., los que más asisten a servicios religiosos son los que más reflejan acumulación de riqueza personal. Los más que tienen son los judíos, protestantes, católicos y protestantes conservadores, en ese orden. El mundo se está dando cuenta que la acumulación de riquezas está estrechamente ligada con la relación con Dios.

La prosperidad se divide en tres áreas. Está la prosperidad del alma, que incluye la mente, los deseos y las emociones; la prosperidad del cuerpo o el gozar de salud física; y la prosperidad del espíritu que se trata de tener una relación íntima con Dios, para ello hay que ser nacido de nuevo.

En los últimos años son muchas las predicaciones que se han escuchado sobre la prosperidad. Para algunos esta enseñanza tiene una connotación negativa, ya que la asocian con la fomentación del materialismo o el desmedido deseo de acumular dinero. Han habido predicadores que precisamente ese es el énfasis que le han dado, pero la riqueza monetaria es sólo una parte de la prosperidad.

"El dinero es una parte de las áreas que se ve afectada positivamente cuando aplicamos la sabiduría de la Palabra en cada área de nuestra vida. Como es una de las que más dificultades tiene el ser humano y desde donde emanan la mayoría de los problemas, quizás es una de las razones por la cual tiene más prominencia en muchas de las prédicas de prosperidad", señaló el pastor Tommy Moya, 37 años, de la iglesia Centro Cristiano Restauración en Orlando, Florida. Mientras, el Ing. López, dueño de la firma de diseño López Associates que desarrolla más de 30 proyectos al año y factura sobre el millón de dólares, opinó: "El dinero es un sirviente que debe hacer lo que tú digas y con una conciencia renovada en Cristo debe traer bendición a todos los que te rodean". Para Leding vivir en prosperidad es tener más que lo suficiente para satisfacer las necesidades, para darle a Dios su parte, más darle a los que no tienen.

"Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma" (3 Jn 1:2). Dios desea que seamos prósperos en todas las áreas. Tener dinero no es pecado, que el dinero controle a uno sí lo es. "Porque raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Tim 6:10). Sabemos que el dinero no da la felicidad, únicamente una relación con Cristo tiene ese poder; ahora, el dinero sí es necesario para subsistir. También se requiere para esparcir el Evangelio, pues cuesta dinero ya sea mandar un misionero al exterior, hacer alcances evangelísticos y hasta mantener las luces prendidas en la iglesia. La mentalidad de que ser pobre es ser espiritual y es justo como Dios desea que vivamos, es otra artimaña del diablo para mantenernos oprimidos. Aún no he conocido un pobre que añore ser aún más pobre.

Algunos lectores de Vida Cristiana opinaron sobre este tema. "Buscar la prosperidad económica no es malo siempre y cuando esté bien fundamentada. Jesús no enseña que el amor por los demás y el amor a Dios es lo más importante, es difícil decir que amamos a nuestro prójimo sin hacer nada por ellos, y más difícil es decir que amamos a Jesucristo y no hacemos nada por Él", Jacobo Félix, EE.UU. "La prosperidad es una farsa que está haciendo mucho daño y engañando a muchos cristianos", José Luis Torres, España. "No creo que Dios nos quiera en la miseria. Jesús no vivía así, ¡hasta tenía tesorero!", Jessica Díaz, EE.UU. "No está mal pedir ser prósperos, porque Dios prometió bendecirnos abundantemente. La única motivación debe ser para su gloria, para alabarle y adorarle", Sadith Aponte, Perú.

Prósperos famosos

Jesús primero. El primer paso hacia la prosperidad es buscar el Reino de Dios, que de lo demás Él se encarga (lea Mt 6:33). La prioridad es servirle sólo a Él de todo corazón. "No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mt.6:24b). La palabra servir aquí significa "ser esclavo". Es decir, o somos esclavos de Dios cien por ciento o de las riquezas, pero no puede ser de ambos. Sabemos que la opción correcta es servir a Dios no importa cuán imposible luzca la circunstancia, nuestra confianza en el Padre debe permanecer firme pues Él está al tanto de todas nuestras necesidades y las suple a su tiempo. Lo amamos pase lo que pase, obedecemos sus peticiones y creemos su Palabra.

"Dios quiere que depositemos nuestra plena confianza en Él. De no ser así la pondremos en otra cosa--lo que probablemente sea en el dinero", expuso el predicador James Robison en un artículo que escribió en la revista Charisma (mayo 2003). "Dios nos quiere desprendidos de todo y amarrados sólo a Él", manifestó por su parte el pastor Moya.

Dios desea que prosperemos, primero porque nos ama, luego para confirmar su pacto con nosotros, y por último, para que tengamos lo suficiente para compartir. Por eso nos da la sabiduría para hacer riquezas. No se trata de pedirle en oración y luego sentarse a esperar a que, ya sea que el dinero nazca de un árbol o que la mente sea transformada sin pasar tiempo en la Palabra o que seamos sanados sin cuidar el templo. Él suple las ideas y directrices para alcanzar el éxito, pero requiere que actuemos.

El padre de naciones y reyes, Abraham fue próspero de tal manera que su descendencia fue tanta como las estrellas del cielo y la arena del mar. Además, Dios le concedió toda la tierra que sus ojos alcanzaron ver. "Y Abraham era riquísimo en ganado, en plata y en oro" (Gn 13:2). Abraham tuvo sobreabundante riqueza material y espiritual, vivió una larga vida y hasta lo que más añoraba Dios se lo concedió, que fue tener un hijo.

José gozó del favor de Dios hasta en las peores circunstancias. "Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio" (Gn 39:2). Aún siendo esclavo en Egipto, Dios bendijo todo lo que sus manos tocaron. Potifar, su jefe, al darse cuenta que la gracia de Dios perseguía a José, lo puso a cargo de todo lo que tenía--esta acción le pagó con creces porque multiplicó sus riquezas, a pesar de que no era creyente (lea Gn 39:5). No sólo quedó ahí, sino que el hijo de Jacob fue a parar a la cárcel y allí también estuvo a cargo de todo (lea Gn 39:22).

El rey David fue un hombre próspero porque "anduvo delante de Jehová en verdad, justicia y con rectitud de corazón" (paráfrasis de 1 R 3:6b). Su hijo, el rey Salomón, ha sido la persona más acaudalada que jamás haya existido. Sin duda, la herencia de su padre contribuyó a su fortuna, mas el hecho de que le pidió a Dios sabiduría fue lo que le abrió las puertas del cielo. Jehová le dijo: "He aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú" (1 R 3:12). El sabio Salomón escribió: "La bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella" (Pr 10:22). Nuevamente es Dios quien nos da el poder de hacer riquezas de todo tipo, y éstas se deben recibir con un corazón humilde que está dispuesto a compartirlas (lea Ef 4:28).

Dar y recibir

El que espera recibir sin dar a cambio, le aguarda tremenda sorpresa. La ley de Dios es exacta como la matemática, es un dar para recibir. Las posesiones materiales que "tenemos" en realidad son del Padre y simplemente nos las ha confiado. La salud y la paz emocional de las que gozamos son de igual manera producto de su bondad y misericordia. Su deseo es siempre concedernos lo mejor. Lo único que nos pide es que seamos obedientes. Claro que nada de esto implica que no se vayan a enfrentar retos, la vida simplemente así es.

De manera que no es posible hablar de prosperidad sin mencionar los principios de diezmar y ofrendar. Partimos de la premisa de que Dios es el dueño del cien por ciento de todo, aunque apenas nos pide que le demos la décima parte de nuestras ganancias. El diezmo es una obligación para nuestro propio bien. "Y el diezmo de la tierra, así como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová" (Lev 27:30). La ofrenda es dar más allá del diezmo. En Romanos 15:26 los creyentes de Grecia recogieron una ofrenda para los creyentes en Jerusalén que estaban pasando por momentos difíciles. Es decir que la ofrenda se da para diferentes propósitos, mientras que el diezmo se debe dejar en la iglesia donde uno se está alimentando espiritualmente. Eso sí, la Palabra es clara al declarar que el que no da está robando (lea Mal 3:8-9).

Leding le comentó a Vida Cristiana: "Lo más importante es que no dar diezmos y ofrendas es desobediencia y orgullo. Cuando uno se da cuenta que llegó al mundo sin nada material y se irá de la misma manera, se pone en la perspectiva correcta".

Según explica Gloria Copeland, hay siete pasos que sirven de cimiento para la vida en verdadera prosperidad. Estos son: 1) caminar en la verdad, esto es, vivir a la manera de Dios según su sabiduría; 2) ser fiel, obedecer sus instrucciones; 3) ser diligente, o actuar con cuidado y prontitud; 4) diezmar; 5) sembrar, esto es, dar más allá sólo según como Dios dirija, se hace por fe, en amor, y con la actitud correcta; 6) creer, o estar convencido de lo que Dios ha dicho; 7) pronunciar, es velar las palabras que emitimos ya que tienen mucho poder.

Lo primordial que garantiza una vida próspera es meditar en la Palabra de Dios y hacer lo que ésta dice. Así le dijo Jehová a Josué: "Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien" (Jos 1:8). Si obedecemos este sabio consejo, entonces debemos vivir a la expectativa de que recibiremos todo tipo de bendiciones--físicas, mentales y espirituales.

El estilo de vida de prosperidad también requiere disposición para trabajar. No se puede pretender que las cosas sucedan sin mover un dedo. Hasta las hormigas trabajan. Estas lo hacen con empeño y bien enfocadas en la meta. Incluso la Biblia las menciona como ejemplo a seguir. "Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y sé sabio" (Pr 6:6). El Ing. López añadió: "A la persona que quiera prosperar le aconsejaría que sea fiel a Dios, trabaje duro, no tenga miedo y sea arriesgado".

En muchas ocasiones esperamos resultados al instante, o justo en el preciso momento que nos parece indicado. Esto especialmente sucede cuando hemos estado obedeciendo, ya sea por meses o años, entonces si notamos que "nada" sucede nos frustramos. Por eso la Escritura nos anima con estas palabras: "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gl 6:9). De manera que también es importante tener paciencia. Debemos recordar que su tiempo no es siempre igual al nuestro. En esos momentos es cuando nuestro suministro de fe debe entrar en acción y recordarnos que Dios no miente, su Palabra jamás regresa vacía, por tanto sus promesas permanecen y lo que nos haya prometido se hará realidad.

Él nos pide que no estemos ansiosos ni temerosos por nada, ya que está consciente de nuestras necesidades y las satisfacerá. Lo cierto es que Dios se regocija al vernos progresar, no sólo eso da buen testimonio de sí, es que su amor por nosotros es tan grande que añora complacer los deseos de nuestro corazón--los que son padres quizás entiendan aún más, pues han experimentado ese impetuoso deseo de proporcionarles a sus hijos lo mejor que tienen para ofrecer. Claro que estos deseos tienen que ir a la par con los de Él. Las intenciones tienen que ser las mismas. Principalmente nos pide que seamos de bendición al prójimo. Esto último implica, ya sea compartir riquezas monetarias, ofrecer palabras de aliento, imponer manos y orar por el enfermo, en fin que se trate de ayudar como sea que Dios diga. "Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida que medís, os volverán a medir" (Lc 6:38).

Me pregunto, ¿por qué será que la Palabra dice que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros (lea Mt 26:11)? Al hacer un corto estudio sobre esta Escritura encontré que aquí la palabra pobre en griego es ptojós, que quiere decir estrictamente denotando mendicidad absoluta o pública, aunque también usado en sentido calificado o relativo. En castellano significa escaso, insuficiente, infeliz, desdichado y triste. Es decir que puede ser carecer física como internamente; cuando la persona no tiene los medios suficientes para subsistir, o vive sin alegría.

Concluí que siempre habrán pobres por tres razones. Para que siempre haya a quién ayudar, de manera que no haya excusa para no compartir las bendiciones que Dios reparte. Por otro lado, también siempre habrá quien escucha la verdad, pero no la cree por tanto no toma posesión de ella para cambiar sus circunstancias. Por la ignorancia, esta es la gente que no tiene una relación íntima con Jesús, desconocen sus promesas de bien y no de mal, de manera que arrastran el estilo de vida de sus antepasados.

Charles Capps en su libro Siembra una buena semilla escribió: "No se puede esperar caminar en prosperidad y salud si se habla de pobreza y enfermedad". Transformamos la manera en que hablamos cuando permitimos que la Palabra sea la que domine nuestros pensamientos. "Porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Lc 6:45b). Toda idea que va en contra de lo que Dios dijo tiene que ser rechazada y contraatacada con la Palabra de Dios.

El final se reduce a siete palabras... "Mas el que confía en Jehová prosperará" (Pr 28:25).

La segunda parte de este artículo aparecerá en la próxima edición. Para suscribirse a la revista, visite www.vidacristiana.com.


Brenda M. López de Teixeira es una escritora independiente. Anteriormente era la editora de Vida Cristiana.
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