Niños en el poder del Espíritu

Dios desea que los niños y adolescentes experimenten Su poderío. El reto está en que muchos padres y ministros desconocen cómo dirigirlos a un encuentro más profundo con el Espíritu Santo.
Muchas manos pequeñas se ven levantadas hacia el cielo, algunas tiemblan. Pequeños pies se mueven velozmente, danzando y marchando. Ojos llorosos que ven visiones y sueños, se hacen notar. Algunos cuerpecitos están hincados en señal de alabanza y adoración. Voces finas y diminutas acaparan la congregación, advierten y reclaman la esperanza que sólo se encuentra en Jesucristo.

Estos son los niños de los últimos tiempos, de los que habla Joel 2:28-29. Los encontramos adorando, intercediendo y predicando en iglesias donde el ministerio para chicos esté experimentando una revolución.

"Los niños necesitan el poder de Dios para superar las feroces tentaciones de nuestros días", expresó el ministro de niños Mark Harper de Minnesota, EE.UU. "¡Una experiencia con el Espíritu Santo puede cambiar sus vidas para siempre!"

Hoy en día a medida que se le presta más atención a este ministerio, hasta los bien jóvenes se están dirigiendo a una experiencia de fe más profunda. No complacidos con las artes manuales y el entretenimiento en la escuela dominical, niños de todas las edades están aprendiendo a orar, testificar y a usar sus dones espirituales.

Pero aun en tiempos de avivamiento, los padres no pueden depender de que solamente sea la Iglesia la que cultive esta experiencia de fe en sus hijos. Los niños necesitan experimentar el Espíritu Santo en el ambiente donde son más profundamente impactados; su hogar.

Sabemos que Dios está derramando su Espíritu en las generaciones más jóvenes, pero ¿también se está revelando con señales y prodigios en la privacidad del hogar? Esta respuesta más bien depende de los padres que de Dios, señalan los ministros. Debido a que los progenitores son los que establecen el tono espiritual del hogar, los niños están aptos a seguir la presencia de Dios con el mismo ímpetu que ellos lo hacen.

"La Iglesia y el hogar deben estar a la par", añadió Harper, quien le ministra a miles de niños en diferentes eventos. Éste indicó que la gran mayoría de las familias cristianas no apartan tiempos de oración y alabanza juntos.

Muchos padres cristianos se sienten incapaces ya sea porque no saben impartir enseñanzas espirituales a los pequeños o porque su propia relación con Dios está deficiente. "Si los padres desean ver un cambio en sus hijos", comentó Harper, "es esencial que la transformación comience en ellos". Los padres que añoran que sus niños estén apasionados por Dios deben nadar "en el río" ellos mismos, según señaló. Esto se debe a que los pequeños aprenden a través de la imitación.

Karyn Henley, una ministro de niños con base en Tennesse, EE.UU. está de acuerdo. "Los encuentros con Dios pueden suceder, pero la clave está en los padres", manifestó ésta. "Los niños en edad preescolar imitan las señales de fe que ven en los adultos que son significativos en su vida."

Manteniendo el balance

Para que los padres puedan modelar su fe, tienen que mantener un balance entre la estructura y la espontaneidad, asegura Jeanene Thicke, fundadora del ministerio Children's Vision International (CVI o Niños de Visión Internacional). Thicke es la "mamá" de más de 90 niños en Bogotá, Colombia, ya que estableció tres orfanatos en esa ciudad.

"La estructura crea orden y disciplina", expresó, "lo que hace que la enseñanza sea más fácil para los niños". Por ejemplo, las lecciones bíblicas se realizan a una hora y en un lugar específico cada día para que cuando los chicos se reúnan en esa parte de la casa, sepan qué esperar.

Los padres deben aprender a capturar los momentos oportunos de la vida para enseñar. El libro de Henley, 100 Ways to Teach Your Children About God (100 maneras de enseñarle sobre Dios a sus niños) por Tyndale House, ofrece ideas simples para demostrar verdades espirituales tomando como ejemplo las cosas que vivimos a diario. Digamos que el padre va con su hijo a lavar el auto, valiéndose de tal ejemplo le puede explicar cómo el pecado nos ensucia, pero Jesús nos limpia. También puede inculcarle la creatividad y el sentido del humor de Dios al estudiar los animales en el zoológico.

Un pasaje del Antiguo Testamento nos presenta el quién, cuándo, dónde, cómo del adiestramiento espiritual: "Grábense estas palabras en el corazón y en la mente; átenlas en sus manos como un signo, y llévenlas en su frente como una marca. Enséñeselas a sus hijos y repítanselas cuando estén en su casa y cuando anden por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten", Dt. 11:18-19, NVI.

"Esta no es una lección bíblica, es una ¡lección para la vida!", expresó Thicke. Modelar de todo desde alabanza y oración hasta ayudar a los pobres, debe ser algo natural en todos los hogares cristianos. A los niños de CVI se les enseña a orar ya sea por los alimentos, la vestimenta y por las sanidades. Cuando Ángela llegó, una bebé huérfana de 3 meses que quedó paralítica por un accidente, los niños de CVI oraron y al cabo de unos meses aprendió a caminar totalmente normal. "Esto elevó la fe de los niños y los inspiró a orar por todo", comentó Thicke sonriendo.

Adiestrando a sus niños

Los padres son en ocasiones culpables de bloquear el crecimiento espiritual de sus hijos, ya que los conocen muy bien y no los ven con esos ojos. Jesucristo afrontó la misma situación cuando se trasladó a Nazaret. No pudo hacer muchos milagros en su pueblo porque la gente no tenía fe en Él. Lo veían como el hijo del carpintero (vea Ma. 13:53-58).

Karyn Henley opina que la clave está en conocerlos como individuos y relacionarse con ellos según la etapa de desarrollo en que se encuentren. Aunque las etapas son universales, las edades que se relacionan son simplemente unas guías.

Bebés. Satisfacer las necesidades físicas del infante de alimento, vivienda y afecto le enseña a confiar. El exponer a los bebés a la música cristiana, oración y las Escrituras, ayuda a iniciar el concepto de Dios en su espíritu.

Infantes (2-3 años). En los infantes, la conciencia aún no está desarrollada por lo que hay que ser paciente con las inconsistencias y la aparente desatención con los demás, incluyendo Dios. Sin embargo, se debe tomar ventaja de esta etapa egoísta para enseñarle cómo Dios lo creó como un niño especial, hermoso, etc., señaló Thicke. Enfóquese en enseñarle obediencia consistente, sepa que la sumisión a los padres antecede al sometimiento a Dios.

A los niños en esta etapa les encanta la música movida, bailar, por tanto alabe con instrumentos, levante las manos y sea activo. Recitar versículos bíblicos acompañados de música los hace más fáciles de memorizar. No se preocupe, las palabras se hacen más significativas a medida que van madurando.

Debido a que los niños no comprenden la muerte, no entienden el concepto de la cruz, señala Henley. Estos piensan bien literalmente, así que vele cómo articula el Evangelio. Algunos pequeños se sienten perturbados con "pedirle a Jesús que entre en su corazón", dado que no pueden concebir cómo Él puede entrar en su cuerpo.

Los infantes no pueden discernir consistentemente entre la realidad y la fantasía, de manera que constantemente hay que explicarle cuando una historia es real o imaginada. Igualmente sepa determinar cuáles historias gráficas e imágenes compartir, aun si son de la Biblia. Enfóquese en el amor de Dios y su bondad.

Preescolares (4-5 años). A eso de los 4 años, la conciencia comienza a desarrollarse. Permita que los preescolares se vean a sí mismos como pecadores que continuamente se enfocan en Jesús, quien nos perdona y ayuda.

En esta etapa tienden a compararse con otros e imitan a sus héroes. "Como están observando a las personas a su alrededor, es el mejor momento para enseñarles que se conviertan en ayudantes", señala Thicke. Aproveche para hablarle sobre la vida de Jesús en sus inicios.

Según James Dobson del ministerio Enfoque a la familia en Colorado, EE.UU., la temporada de los 5 a 6 años es la más crítica en cuanto a incorporar lo que han aprendido. Mientras van distinguiendo entre la fantasía y la realidad van creyendo o descartando ideas sobre la vida, por lo que los padres tienen que ir reforzando las verdades de manera tangible.

Los ministros manifiestan que se expongan a los preescolares a los dones del Espíritu, pero que no se enfoque en ello. Anímelos a orar en voz alta y a leer las Escrituras juntos.

Elemental (6-10años). Durante los años elementales, los niños comienzan a comprender simbolismos y dependen más de Dios personalmente. Comience a estudiar y a orar en conjunto, pero enfóquese más en las promesas de Dios, Su carácter y atributos. Alrededor de los 7 años, la conciencia se desarrolla a mayor escala y el entendimiento del pecado se hace más personal. Ore por un espíritu de arrepentimiento. Una vez su niño aprenda a leer, ayúdelo a establecer un tiempo diario para estar con el Señor, esto es cuando puede orar, adorar y leer la Biblia por su cuenta.

Preadolescente (10 a 12 años). Durante esta etapa, identificarse a sí mismo es la clave. A medida que comienzan a prestarle más atención a los que están fueran de su círculo familiar, lo padres no se deben sentir amenazados sino que deben buscar mentores positivos para la vida de sus hijos. Igualmente es importante cederle más responsabilidades para ir desarrollando las cualidades de liderazgo en su hijo, las mismas que pueden demostrar tanto en la casa como en la iglesia

Adolescente (13 a 17 años). Los adolescentes necesitan separarse de sus padres para encontrar su propia base en la fe, sugirió Henley. Asegúrese que sean retados y bien dirigidos por su pastor de jóvenes. Además busque la manera en que puedan servir en la iglesia, esto los hará sentirse que pertenecen.

Buscar al Dador, no los dones

Aunque las experiencias sobrenaturales pueden revolucionar la relación del niño con Dios, limitar la obra del Espíritu Santo a lo espectacular puede dejar a los pequeños insatisfechos y dudando de cómo Él labore en su vida. Algunos ven hasta peligroso ir a cultos donde la gente manifiesta el poder de Dios de forma extraña, como temblando o tirados en el suelo. Los niños que no viven experiencias profundas en tales cultos quizás se sientan confundidos, enajenados o hasta manipulados a hacer cosas falsas, por lo que es vital comu-nicarles que Dios trabaja de manera única en la vida de cada persona.

Señales y prodigios en el mundo de los niños se puede definir en peticiones de oración contestadas, testificando con denuedo a sus amigos en el parque o restaurando una relación rota en el hogar. Por tanto se le tiene que enseñar a que le ministren a sus familiares orando por ellos y llevando a los que aún no conocen a Jesús a Sus pies.

"Hay que ser bien práctico con la familia", alega Thicke. "Son las pequeñas cosas las que le enseñan a nuestros hijos a perdonarse uno al otro, a amar al prójimo y a Dios." Los niños necesitan estar equipados de una fe poderosa y relevante que incluya experiencias verdaderas. Las disciplinas básicas como la alabanza, oración y lecturas de la Biblia son esenciales.

Todo estriba en cómo modelamos a Jesús para los niños. Cualquier padre cristiano puede hacer esto, no importa la edad que tenga su hijo. No existe una mejor manera que servirle de mentor y motivarlos constantemente para así asegurarse que Dios continúe tocando esta generación con el poder de Su Espíritu.


Anahid Schweikert es una escritora independiente. Reside en Tennesse junto a su esposo y sus dos hijas adoptivas nacidas en la China.
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