Parados en la brecha

Cuando oras por otra persona, te estás comprometiendo en una misión celestial de rescate supernatural. Aquí encontrarás cómo te puedes convertir en un efectivo defensor de los demás a través de la oración.
Cualquier abogado te puede asegurar que la preparación apropiada es la clave para ganar un juicio. Como defensores espirituales -- los que se paran en la brecha por otros en oración -- es crucial que nos preparemos bien antes de afrontar las batallas que se aproximan.

Cuando intercedemos en oración, defendemos nuestro caso ante el juez eterno del universo. Cada caso que le presentamos a Dios requiere que nos preparemos genuinamente. Sin la preparación adecuada un abogado lucirá como un tonto ante el juez, su cliente, su adversario y las personas presentes.

Preparación personal

Antes de preparar un caso, primero tenemos que prepararnos nosotros mismos. Esto lo hacemos al experimentar la salvación, llegando a conocer a Dios y reconociendo nuestra posición en Cristo.

Salvación. Esta comienza con la revelación de la ausencia de una relación personal con Jesucristo y la abrumadora realización de nuestro pecado personal ante un Dios perfecto. Es vital que cada uno consolide esto en su corazón.

Pero la salvación es más que perdón y la remoción de nuestros pecados. Se nos ha habilitado a vivir porque el Espíritu Santo entra en nosotros. Un cristiano es la persona en la cual el Espíritu de Dios vive.

Conocer a Dios. A través del nuevo nacimiento podemos verdaderamente conocer a Dios. Al nacer en su familia, nos convertimos en Sus criaturas. Como hijos de Dios que pasamos tiempo en Su palabra y en Su presencia, comenzamos a conocerlo como realmente es, no como suponemos que es.

Le preguntamos a varios licenciados que es lo que hace a un buen abogado. Uno de ellos comentó: "Un buen abogado es aquel que conoce al juez y sabe cómo este tiende a dictar fallos". Debemos añadir que un buen intercesor es aquel que conoce a Dios y cómo este rige. Uno no puede tener una mejor posición en la corte celestial que ser uno de los hijos del juez. ¿Quién se atrevería a retarnos? Como expresó Pablo: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Ro. 8:31).

Posición en Cristo. Los abogados tienen que pasar una complicada reválida en el lugar donde piensan ejercer su profesión. Así también le sucede a los que oramos. Tenemos que estar apropiadamente equipados (vea Ef. 4:11-13).

La sala del tribunal es un lugar de adversidad. Es un lugar de confrontación y conflicto. Una vez escuché decir: "Todas las oraciones son una guerra". Si no conocemos nuestra posición en Cristo, podemos ser intimidados fácilmente por el diablo. Cuando queremos ser efectivos en la oración intercesora, tenemos que estar seguros en Cristo. Si esperamos ganar un caso contra Satanás es indispensable saber que Cristo está en nosotros. Es importante saber no solamente lo que dicen las Escrituras sobre el caso que estamos presentando, pero también lo que dice sobre nosotros. Pablo le escribió a los colosenses diciendo: "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad" (Cl.2:9-10). Conocer su posición en Cristo lo fortifica ante la reválida de Dios y también ante su adversario.

Cualidades de un buen defensor

Este es el listado de las cualidades personales y profesionales que forjan a un buen abogado. Veamos cómo estos atributos también ayudan a crear buenos intercesores.

Dedicación. Un intercesor debe estar comprometido a Cristo, a otros y a la tarea de interceder.

Confiabilidad. Dios no busca nuestra habilidad sino nuestra disponibilidad.

Integridad. Hay que vivir como señala el Salmo 26:11-12: "Mas yo andaré en mi integridad; Redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová".

Objetividad y empatía. Es preciso tener empatía, pero a la misma vez combinada con objetividad de manera que no seamos consumidos emocionalmente ni abrumados con las necesidades que cargamos. En otras palabras, hay que llevarle nuestras cargas al Señor y dejarlas ahí.

Bondad. Esta es una comodidad necesaria para todo intercesor-defensor como demuestra la siguiente historia.

Un señor mayor cargaba una lata con aceite a dondequiera que iba. Si pasaba por una puerta que daba chillidos le echaba aceite a los goznes. Si la puerta no se podía abrir vertía un poco de aceite en el cerrojo. En fin, cada día buscaba la manera de ayudar a otros con su aceite. Sus vecinos pensaban que era un excéntrico, pero él seguía lubricando y ayudando.

¿Cargamos con nosotros el aceite de bondad humana? Cuando el tráfico está atascado, cuando el dependiente de la tienda es grosero o cuando el jefe se desquita con usted, ¿pones en práctica tu aceite de regocijo? Hazlo, te hará el día.

Disciplina. Un intercesor no será exitoso sino aplica disciplina a su trabajo de intercesión. Así lo ilustra esta breve historia.

A un famoso taller de cerámica llegó un visitante. Este quedó impresionado con una operación que parecía no tener razón de ser. Un trabajador le daba de vez en cuando con un mazo a una masa de barro. La curiosidad lo llevó a preguntar: "¿Por qué hace eso?". El trabajador contestó: "Espere un poco y verá". De repente el terrón comenzó a levantarse y expandirse y una burbujas salieron a flote. Con una sonrisa le dijo: "Ve caballero, no hubiese podido haber hecho de este barro una vasija con esas burbujas adentro, poco a poco me deshice de ellas". En los oídos del visitante esto sonó como una alegoría de Romanos 5:3-5: "La tribulación produce paciencia...y esperanza". ¿No es la disciplina de la vida tan difícil de soportar en ocasiones, como sacar las burbujas de orgullo y obstinación, con tal que el Maestro pueda formar una vaso de tierra que contenga tesoros celestiales?

Habilidad para el liderazgo. Se necesitan líderes que puedan manejar turbulencias y que están al tanto de que el liderazgo tiene que ser compartido. Más que nada se necesita una Iglesia donde todos promuevan el estímulo. A la misma vez el apóstol Pablo nos advirtió: "A cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno"(Ro. 12:3).

Alto carácter moral. A un monje budista de Sri Lanka, que estaba familiarizado tanto con el budismo como con el cristianismo, una vez se le preguntó cuál pensaba que era la gran diferencia entre ambas religiones. Contestó: "La gran diferencia parece ser que ustedes los cristianos saben lo que es correcto y tiene el poder de hacerlo, mientras los budistas saben lo que es correcto, pero no tienen semejante poder".

El monje está en lo cierto. La verdadera libertad no es el derecho a hacer lo que nos plazca, es el poder de hacer lo correcto.

Un abogado que vivía en un dormitorio de un templo compartió la historia de un hombre mayor de edad que vivía en la alcoba junto a la suya. Cada noche el hombre se arrodillaba y oraba en voz alta. La división entre las habitaciones era muy delgada por tanto el abogado lo escuchaba claramente. Se sorprendió al siempre escucharlo decir esta oración: "Señor, hazme un buen chico".

Esto quizá parezca algo absurdo. Pero si lo piensa bien, será tocado por su belleza. Desde su infancia, el hombre se arrodillaba como su madre le había enseñado a hacer esta oración. A través de los años con sus retos y tentaciones, todavía sentía la necesidad de orar con el mismo lenguaje de su niñez, sabiendo que ante los ojos de un Dios sempiterno él todavía era un niño.

Así como un buen defensor debe ser una persona con carácter moral de altura, el intercesor debe vivir una vida en santidad con un carácter moral de altura.

Compañero de equipo. La intercesión corporativa es casi un arte desconocido. En la mayoría de los lugares se lleva a cabo la intercesión individual en un medio ambiente corporativo. Agraciadamente, la Iglesia ha comenzado a entender cómo agrupar y acercarse a Dios como una persona. También hemos formado redes de intercesión. Nos hemos dado cuenta que mientras más testimonios tenemos en la corte, más fuerte será nuestro caso.

Nunca dejamos de sorprendernos por la autodisciplina que ejercen los intercesores. Las habilidades de trabajar bien bajo presión y con mínima supervisión son dones de gracia que Dios le ha dado a la gran mayoría de los intercesores. Admiramos la fidelidad de la gente de oración que voluntariamente dedican tiempo en oración en beneficio de otros.

Podemos experimentar una transformación en nuestras familias, ciudades y naciones si estamos dispuestos a laborar juntos. *


Eddie Smith es el fundador y presidente del Centro de Oración Estados Unidos, donde su esposa Alice, es la directora ejecutiva. Eddie también coordina ¡Ora EE.UU.!; un movimiento anual de oración y ayuno. Alice es intercesora, conferencista y autora. Este artículo se tomó y adaptó del libro The Advocates (Los defensores) por Charisma House. Usado con permiso.
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